Somos sociales, comunicativos, familiares, honestos, parranderos, problemáticos, silenciosos, apáticos, conflictivos, leales, alegres, positivos, detallistas, despreocupados…  ¿Cómo somos en casa?

Pocas veces somos conscientes que todo esto que vivimos es lo que heredaremos a nuestros hijos. Y no es que me esté poniendo dramática y exagere en el tema. La mayoría no nos planteamos esto, ni mucho menos nos propondremos cambiarlo antes de vernos expuestos a la tan grata, pero también retadora experiencia de ser padres.

Sin embargo, también son pocas las parejas que, cuando ya han planeado tener hijos o bien ya los tienen, se cuestionan qué hábitos, costumbres, valores y formas de ser les están inculcando a sus hijos.

“El discurso  mueve, pero el ejemplo arrastra”. Frase muy famosa que la hemos escuchado y hasta utilizado muchas veces. Y como padres debemos saber que desde el día uno, somos el ejemplo de nuestros hijos, somos la referencia de seres humanos y de ideales para ellos; seamos como seamos, recordemos que ellos aún no saben qué es bueno y qué es malo, y simplemente absorben e “introyectan” todo lo que ven y escuchan.

Deseamos que nuestros hijos sean extrovertidos, pero nosotros no lo somos y nos mantenemos encerrados en casa; deseamos que nuestros hijos tengan muchos amigos y sean queridos por ellos, pero no invertimos tiempo en cultivar nuestras amistades; soñamos con que nuestros hijos nos amen y nos respeten como padres, pero casi no visitamos ni hablamos con los nuestros. Exigimos que ellos sean maduros y emocionalmente inteligentes, pero nos dejamos de hablar por un conflicto y perdemos la cabeza por cualquier cosa.

Insisto: ¿Qué estamos heredando a nuestros hijos y qué nos gustaría realmente heredarles? Nuestro comportamiento se convierte casi en los mandamientos de nuestros hijos. Ellos imitarán lo que ven en casa durante sus primeros años, lo que determinará en gran parte lo que serán en el futuro.

Analicemos un instante, seamos papás o no, cómo somos en diferentes áreas:

En la familia: ¿Buscamos momentos familiares? ¿Respetamos y nos preocupamos por lo que pasa en la familia? ¿Participamos e incentivamos reuniones con ellos?

En lo social: ¿Cultivamos nuestras amistades? Tenemos amigos con quienes compartimos mucho más que solo en fiestas? Contamos con personas que nos echen la mano en cualquier momento? Somos nosotros de esas personas en quienes se puede contar?

En lo personal: ¿Educamos y vivimos en honestidad, en respeto, en positivismo, en alegría, en solidaridad, en confianza, en amor? ¿Vivimos estos valores en nuestra casa, en nuestros trabajos, en la calle?

En lo espiritual: ¿Vivimos reconociendo un ser supremo y principios espirituales que influyen también en nuestra proyección social? ¿Cómo está nuestra fe?

En lo laboral: ¿Disfrutamos nuestro trabajo? ¿Nos esforzamos en él? ¿Somos propositivos y colaboradores? ¿Qué mensaje damos en casa cuando volvemos del trabajo?

En lo emocional: ¿Enfrentamos los problemas? ¿Sabemos discutir respetuosa y asertivamente? ¿Sabemos escuchar a los demás e intentamos ser empáticos con ellos?

De esta forma podemos ir evaluando área por área de nuestra vida y revisando hoy cómo la vivimos. Mis actitudes y los cambios que decido hacer hoy, son el aporte que dejo al mundo, mañana. Es permitir que otros, los que vienen detrás, también disfruten de vivir a colores.

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.