El amor de pareja tiene dos cuartos o habitaciones. Dependiendo de en cual permanezcas más tiempo, tu relación florecerá o se marchitará con el paso de los años. Imagínate que en tu casa solamente hay dos cuartos y que a cada momento tienes que decidir en cual de los dos prefieres estar: en el cuarto de «la apreciación» o en el de «la depreciación».

Todos podemos decir de la boca para afuera que amamos a alguien, pero a la hora de la prueba demostrar con acciones lo contrario. Todos podemos ponernos las gafas oscuras para mirar al otro cuando nos falla o se equivoca y entonces echarle la culpa del problema, acusándolo y atacándolo, con o sin razón, con o sin causa justificada. Todos podemos quedarnos en el cuarto de la depreciación, en la oscuridad, y hacernos la vida miserable. Es una opción, sí, pero la peor, sin duda.

A mayor ego, mayores probabilidades de instalarse en el cuarto de la depreciación y no salir de él. Una vez que ingresamos a ese cuarto y cerramos la puerta, el ego se sienta en su trono. Y donde el ego manda, el orgullo no quiere dar su brazo a torcer. Entonces nos alejamos del otro por obstinación, colocando más barreras entre ambos, manteniendo la puerta cerrada. Es obvio que mientras más permanezcamos en el cuarto de la depreciación, más infelices seremos y más infelices haremos a nuestro ser amado.

Cuando doblegamos nuestro orgullo y nuestro ego para reconocer que estábamos equivocados —y aunque no lo estuviéramos, cedemos por mantener la armonía con el otro—, entonces demostramos que amamos a nuestra pareja con hechos y no solo con palabras. El amor permite que el otro «gane» por el bien de la relación. El verdadero amor opta por instalarse en el cuarto de la apreciación, a pesar de lo que el otro diga o haga.

Cuando escogemos instalarnos en el cuarto de la apreciación:

1) Practicamos una actitud de colaboración

2) Aprendemos a ceder

3) Vivimos con mayor flexibilidad y menor rigidez

4) Demostramos humildad

5) Hacemos permanente énfasis en las virtudes de nuestro ser amado

6) Pensamos lo mejor de esa persona

7) La elogiamos de forma constante y sincera

8) La escuchamos con atención y disposición positiva

9) Empleamos el buen humor para responder o reaccionar en situaciones difíciles

10) La tratamos con respeto, amabilidad y paciencia, como trataríamos a la más ilustre visita que pudiéramos recibir en nuestro hogar.

Finalmente, en el cuarto de la apreciación aplicamos la regla de la segunda prioridad: Después de Dios, nuestro cónyuge debería ser la persona más importante en nuestras vidas. Y permaneciendo en ese cuarto, se lo demostramos con hechos.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.