La India es un país que desde hace muchos años quise conocer. Verdaderamente es fascinante, siempre y cuando vayas con mente abierta, sin juicios o prejuicios de lo que vayas a ver, especialmente en relación a la extrema pobreza y a las carencias de higiene que se observa en muchas partes.

Disfruté mucho el viaje por la gran amabilidad que caracteriza a la gente con la que traté y la aceptación con la que viven de su realidad, la cual puede ser confundida con conformismo.

La mayoría de la gente practica el hinduismo, lo cual los hace aceptar que la vida que actualmente tenemos es consecuencia de nuestros actos en vidas pasadas y, por lo tanto, –según me dijo el guía- vivimos la vida que nos corresponde. Esa aceptación me impactó y respondió a mi pregunta de por qué veía a tanta gente feliz, con miradas que jamás olvidas.

En este viaje interpreté y entendí lo que es una mente compasiva, la cual he puesto en práctica durante estos días y quiero que sepas que he logrado grandes cambios. Es esa forma de pensar amorosa en la cual aplicas un filtro a tus pensamientos que impide juzgar duramente todo lo que te sucede, lo que te dicen o lo que te hacen.

Acepto que no ha sido fácil cuando se tiene el hábito arraigado de hablar de los demás, de juzgar lo mal hecho o dicho por alguien y de la mala fe de los actos de quienes nos rodean, lo cual podría ser considerado como algo natural para quienes se han enfocado más en las malas experiencias que en las buenas.

Aplicar la mente compasiva te ayuda a vivir con más estabilidad emocional y por lo tanto con más alegría y paz en tu corazón, lo cual hoy en día es algo necesario para evitar los altos niveles de estrés.

Hoy te comparto dos breves recomendaciones para aplicar la mente compasiva:

  • Con la gente que te rodea

Como bien lo sabes, entre más gente tratas, encontrarás más variedad de personajes con un bagaje diferente. No todos van a reaccionar como esperas ni te van a decir lo que deseas escuchar. Aplicar la mente compasiva es agregar la duda sobre la intención que la gente tuvo. “No era lo que quiso decir”, “no fue con intención de dañarte”, “no hubo dolo en sus actos” o simplemente fue un lapsus brutus que todos tenemos. No todos tienen la prudencia como estrategia ni la humildad como modo de vida. Soberbios, prepotentes y altaneros, son así por querer demostrar tantas carencias que tienen o tuvieron. Por supuesto que no es culpa nuestra, pero no tenemos por qué cargar con algo de inmundicia que van acumulando en sus vidas. En lugar de despotricar en contra de su forma de ser, mejor digo “pobre” ¿qué habrá vivido o cuánta gente lo habrá dañado en su pasado para ser o actuar de esa manera?

Siendo realistas y poniendo como ejemplo tu propia vida podrás confirmar que la mayoría de las ofensas y agravios que has obsequiado, fueron en momentos de crisis o desestabilidad emocional y la mayoría de las veces te has arrepentido. ¿Es así? Entonces, ¿por qué no regalar y regalarte el derecho de la duda de creer que quien te ofende puede vivir algo similar? Mamás desesperadas que preguntan una y otra vez a los hijos el porqué actuaron de determinada manera. ¿Por qué lo hiciste? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? Y la verdadera respuesta es que ni él sabe el porqué.

Agrega la compasión con tu familia, evitando juzgar a diestra y siniestra la forma de hablar, comer, dormir o sentir. Tristemente esa falta de compasión se nota por parte de los hijos que se resisten a creer que sus padres deben ser prefectos y reaccionar o entender todo con la misma agilidad que ellos lo harían. Reitero, no es fácil, pero sí es posible. No en todas las circunstancias, pero sí en las triviales, que son las que generalmente moldean nuestra personalidad. Difícil aplicarlo en casos extremos de seres que sin el mínimo arrepentimiento causan tanto daño con sus acciones y el dolo y la maldad son tangibles.

  • Hacia tu persona

Se aplica la compasión cuando evitas herirte una y otra vez por los errores que cometiste y por los actos indeseables que desearías no haber cometido. La estrategia es aprender la dura lección y hacer el firme propósito de enmendar en lo posible.

Nos convertimos en jueces implacables hacia nuestros defectos naturales; nos herimos con frases que expresamos como en son de broma: “Estoy hecho un marrano”, “qué torpe soy”, “todo me sale mal”, “soy un desastre”, “me feo fatal” y otras más, que toman una fuerza tremenda y muchas veces nos dañan en forma permanente.

Agrega la compasión como estilo de vida y verás grandes beneficios en tu aspecto espiritual.

¡Ánimo!

GQI-CesarLozano

* Cortesía de César Lozano La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.