Pocas cosas dicen tanto como el contacto visual con otra persona, pues literalmente, conecta nuestra mente con la mente de quien nos escucha. Los ojos son, incuestionablemente, la parte más expresiva del rostro. Muchos de nosotros prestamos especial atención a la mirada de nuestro interlocutor en busca de señales que nos permitan aprender sobre su carácter e intenciones.

Todos hacemos cosas similares todos los días en nuestra vida personal y en los negocios. ¿Alguna vez le has dicho a uno de tus hijos algo así como: “quiero que me mires a los ojos y me digas si ya terminaste tus tareas”? O quizás cuando estás negociando con alguien a través del teléfono, antes de cerrar el trato dices algo así como: “es hora de que nos reunamos cara a cara”.

Así que, como ves, todos valoramos grandemente el contacto visual en nuestro trato con los demás.

¿Cuáles son tus hábitos al respecto? ¿Miras el suelo mientras hablas? ¿Miras por la ventana mientras escuchas lo que te están diciendo? ¿Esquivas la mirada de tu interlocutor?

En un contexto social, amistoso y relajado, mirar a alguien siempre es un mensaje que inspira sentimientos positivos. En aquellas conversaciones donde estamos comunicando un mensaje importante, debemos mirar con frecuencia a la persona que nos escucha. Si a su vez, ella se inclina hacia delante y nos mira frecuentemente mientras le hablamos, es una clara señal de que está interesada en nuestro mensaje.

En general, si mantienes poco contacto visual corres el riesgo de crear una impresión poco agradable, de culpabilidad, aburrimiento o timidez. Sin embargo, un contacto visual excesivo puede ser igualmente desfavorable para una buena comunicación, ya que puede parecer intimidante o intruso, y generar emociones y sentimientos negativos en los demás.

Hay personas que poseen lo que yo llamo una mirada de águila. Inclusive en conversaciones informales tienen una mirada penetrante que intimida a cualquiera que esté hablando con ellos. Otras personas sufren de lo opuesto. Ellas poseen una mirada evasiva. Nunca, o muy pocas veces, hacen contacto visual con su interlocutor. Este mal hábito puede estar diciendo: “No estoy interesado en esta conversación”, o “estoy pensando en otra cosa”, “no me atrevo a mirarle a los ojos por temor”, “estoy ocultando algo”, “soy inseguro” o “poseo una baja autoestima”. Y es posible que ninguna de estas situaciones sea cierta. Sin embargo, cierto o no, ese es el mensaje que entenderá la mente de la otra persona, ante una mirada evasiva.

GQI-CamiloCruz

* Cortesía de Camilo Cruz La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.