¿Te diste cuenta que hay personas a las que les resulta fácil conseguir trabajo y otras a las que no tanto? Yo tengo una teoría. Y va más allá de las destrezas y talentos de la persona. Que lógico, son un factor que influye en la facilidad con la que alguien consigue empleo. Pero mi teoría apunta a algo mucho más básico. Los buenos modales. A lo largo de sus carreras, a las personas con buenos modales les cuesta menos conseguir trabajo que a quienes carecen de ellos. Sí, mi teoría es muy simple. Te cuento.

 No es ninguna novedad que la mayoría de la gente vive a la velocidad de la luz. Se trabaja simultáneamente en varios proyectos tratando de hacer tiempo para los intereses personales, la familia, los amigos, las redes sociales, etc. Y llega un momento en que, para ahorrar ese precioso tiempo que se le escurre de los dedos, la gente empieza a saltearse pasos. Y se saltea las reglas más básicas de coexistencia hasta el punto de perder por completo los buenos modales.

Estos son algunos ejemplos de buenos modales que muchos han dejado de practicar:

  • Escuchar mensajes de voz en sus celulares (o buzones de voz de la oficina)
  • Responder correos electrónicos
  • Devolver llamados
  • Pedir disculpas cuando llegan tarde
  • Disculparse y re-agendar una cita de la cual se olvidaron
  • Dejarle saber por sí o por no a un candidato al que han entrevistado para un puesto de trabajo
  • Agradecer regalos y atenciones que reciben
  • Agradecer presentaciones que les hacen individuos de su red de contactos y que derivan en negocios u otras oportunidades (y agradecer aunque la presentación no derive en negocios u oportunidades)
  • Confirmar la recepción de algún documento, propuesta, contrato que han solicitado
  • Agradecer públicamente a sus equipos en los momentos en que reciben reconocimientos profesionales

Me imagino que tendrás tu propia lista de ejemplos. Desafortunadamente, son tan variados como circunstancias e individuos hay.

El tema es que esta epidemia de malos modales no sólo afecta tus oportunidades profesionales (si eres de los que los practica). Sino que también afecta la calidad de nuestra vida como seres humanos que compartimos este espacio y tiempo en el planeta. Erosiona el placer de interactuar con otros y el impulso espontáneo que la mayoría de nosotros tiene de ayudar. Porque luego de haber experimentado una dosis importante de malos modales tiendes a dejar de ofrecer ayuda. “¿Para qué me voy a molestar? La gente es ingrata.” Te vuelves cínico. Empiezas a medir tu tiempo, y el impacto en tu reputación de invertir en terceros. Incluso, tal vez empieces a cuestionar cuál es la agenda oculta que tienen otros que quieren ayudarte a ti.

Al final las relaciones se transforman en meras transacciones con un calculado retorno sobre la inversión. Te pones a pensar: “Si Marta/Pedro no está en mi lista de prioridades no puedo “perder” el tiempo en él/ella.” Y por eso ya no le respondes el correo, el llamado o el mensaje de texto.

Y si bien es cierto que todos tenemos un número limitado de horas al día, hay ciertas conductas que no pueden recortarse sin consecuencias para todos. Los buenos modales son el aceite que hace que todos los engranajes sociales funcionen de manera armónica. Imagínate un mundo extremo en donde nadie te saludara al entrar a un establecimiento a comer, o comprar algo. Nadie te ofreciera un café cuando lo visitas, nadie te sostuviera una puerta abierta cuando vienes cargado de paquetes, nadie te cediera el paso en una intersección. ¿Horrible, no?

Volvamos entonces a por qué la gente con buenos modales suele conseguir empleo con mayor facilidad. Es lógico, porque cuando tenían trabajo ayudaron a los demás conectándolos con sus redes de contacto. Contestaron emails de personas que ahora están en posición de ayudarlos a ellos. Agradecieron a quienes los apoyaron a lo largo del camino. Mantuvieron estas reglas básicas de cortesía que para otros son una pérdida de tiempo.

Así que créeme. Sí tienes tiempo para enviar un “OK Recibido”. Para decir “Gracias” y para disculparte cuando llegas tarde a una reunión porque no es tu prioridad. No sólo contribuirás al bienestar de tu grupo social sino que en algún momento crucial de tu vida o tu carrera, todos estos pequeños gestos serán lo único que separe un Sí de un No.

GQI-MarielaDabbah

* Cortesía de Mariela Dabbah. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.