La música terapéutica es una rama bien desarrollada de la música aplicada a la salud y el bienestar de las personas, mediante el uso de las vibraciones de la música que tienen un impacto directo en los sistemas psicológicos, emocionales y físicos del organismo.

El cuerpo humano es aproximadamente 65% de agua en adultos y hasta un 80% de agua en bebés. Se ha demostrado que el agua es una molécula sensible, capaz de recibir y almacenar información procedente de nuestros entornos internos y externos.

Uno de los descubrimientos más interesantes de las propiedades del agua fue realizado por Masaru Emoto, un autor e investigador japonés que encontró y demostró que el agua responde a sentimientos, intenciones e incluso palabras habladas y escritas, siendo la música uno de los portadores más potentes de la información que influye en el agua.

Por lo tanto, la música puede efectivamente tener un efecto positivo directo en el agua de nuestro organismo. En otras palabras, la música puede literalmente curarnos y mejorar nuestro bienestar, al modificar directamente la estructura molecular del agua que hay en nuestros sistemas internos.

Cuando la música contiene ciertos sonidos repetitivos, especialmente creados en laboratorios de neurofisiología, esta adquiere la capacidad de modificar la actividad eléctrica del cerebro y cambiar su velocidad de vibración a través de un proceso llamado sincronización cerebral.

Este proceso tiene lugar después de unos minutos de escuchar la música que contiene un sonido con una frecuencia específica de vibración, que induce al cerebro a vibrar eléctricamente a la misma velocidad que el sonido externo.

De esta manera, la música terapéutica puede modificar directamente la actividad eléctrica del cerebro, llevándolo a estados benéficos tales como reducción del estrés, inducción del sueño, estados meditativos, energización, mejora de la capacidad de concentración y memoria y mucho más.

Cierta música tiene el poder de tocar fibras profundas de nuestra sensibilidad y ayudar a abrir nuestros corazones a lo sagrado. Esta música tiene sonidos, armonías, melodías, ritmos y tonos especiales que se organizan matemáticamente según las leyes universales.

Su forma estética varía de acuerdo a cada cultura, pero todos tienen un factor en común: tocan algo de una mayor calidad en nosotros.

La música viene de Dios, por lo tanto, la música es una manera de conectarse con Dios. Hay música que tiene el poder de despertar nuestra conciencia expandiendo nuestra atención más allá de nuestro estado ordinario de reactividad mecánica.

Para lograr esto, se requiere un trabajo interno de conexión voluntaria entre nuestra mente y nuestro cuerpo, ya sea a través de la quietud o mediante movimientos conscientes en perfecta sintonía con esta música especial.

Hay una energía interna que tiene una calidad superior en nosotros. Esta energía es lo que realmente somos, y esta es la energía que sobrevive a nuestra muerte física.

Conectar con esta energía es nuestra única manera de lograr nuestra verdadera misión trascendente en nuestras vidas.

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.