Esta pregunta apareció originalmente en Quora – un servicio en línea de mercado de conocimientos- y fue respondida por Yohan John, PhD en Sistemas Neuronales Cognitivos de la Universidad de Boston. El investigador sostiene que es posible intentar medir el amor empleando la Neurociencia Social, un sub-campo de la neurociencia dedicado al estudio de las bases biológicas (inmunes, endocrinas, neuronales) de la conducta social.

Si bien es cierto los hallazgos no conforman todavía una Teoría Neuronal del Amor, constituyen pasos acertados en esa dirección, tal como concluye un artículo de la revista Psychology Today titulado “¿Qué nos dice la Neurociencia sobre estar enamorado?” El amor parece activar el área tegmental ventral del cerebro medio, que contiene neuronas que liberan un neurotransmisor conocido como dopamina. Esta no es solo, como vulgarmente se cree, la hormona del placer, sino que está asociada a la recompensa, la novedad, la sorpresa, la motivación y la euforia, entre otras emociones. De allí que la persona enamorada se sienta “como en las nubes” en la etapa de la relación conocida como deslumbramiento o fascinación.

El amor puede causar una caída en los niveles de serotonina. Cuando uno está profundamente enamorado, disminuyen los niveles de serotonina en el cerebro, una característica común a los trastornos obsesivo-compulsivos, según informa el portal Livescience. La caída de la serotonina podría explicar por qué los enamorados se obsesionan tanto con el objeto amado. Este efecto también nos ayudaría a entender por qué los amantes no perciben los rasgos negativos de su pareja en los primeros meses de la relación cuando “la química” funciona tan bien.

El amor puede causar una reducción de la actividad en la corteza prefrontal (PFC) y en la amígdala del cerebro. La PFC es una región extensa y multifacética del cerebro que participa en todo tipo de acciones, incluyendo la toma de decisiones, la cognición, la atención, la emoción y la planificación. La amígdala es un eje fundamental del sistema emocional, particularmente implicado en el procesamiento del miedo. Esto explicaría, en parte, por qué las personas enamoradas suelen tomar mayores riesgos, actúan guiadas por sus emociones y tienen menos posibilidades de concentrarse en el trabajo porque su pensamiento se dirige de forma constante hacia el ser amado como objeto de atención.

Después de algún tiempo de relaciones, el cuerpo desarrolla una tolerancia a las sustancias químicas placenteras. La fase de atracción da paso a una nueva etapa, cuando la oxitocina y la vasopresina penetran en el cerebro, generando sentimientos de bienestar y seguridad. El acto sexual incrementa los niveles de oxitocina durante el orgasmo o clímax generando un lazo mucho más fuerte entre esas dos personas, un mayor nivel de apego. En su libro En el Amor y en la Supervivencia, Dean Ornish señala que el amor y la intimidad son los determinantes más poderosos de la salud, más que una dieta balanceada o dejar de fumar, más que hacer ejercicio o tomar las drogas recetadas. Si la pareja llegara en forma de droga, ¡los doctores que fallaran en prescribirla serían culpables de mala praxis! (Ornish, 1998).

Claro que éstos son sólo algunos ejemplos y no un estudio exhaustivo de la literatura sobre el tema. Así que tomemos lo dicho con pinzas. Todo el mundo sabe que el amor es complicado, por lo que deberíamos esperar que sea una de las cosas más difíciles de entender desde el punto de vista neuronal. Pero vamos por buen camino, sin duda.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.