Detenerse en el camino hacia la realización de un sueño por temor a fracasar, es el más común de los autosabotajes. Detenerse es la manera más rápida de conquistar el fracaso.

Hay momentos en la vida que podemos caer víctimas de la desilusión. Es posible que algun que otro esfuerzo no logre los resultados deseados. Eso es normal. Momentos así, en vez de hacernos pensar que hemos fracasado, nos deben servir para recordar que somos seres humanos y que no somos perfectos.

Nunca seremos seres perfectos, por eso tenemos que ser seres que luchen, y luchar significa no detenerse nunca por una desilusión pasajera, significa no darle cabida al temor de fracasar, sobre todo cuando de alcanzar un sueño se trata.

En la vida es imposible que todas las decisiones que tomemos sean correctas, pero, la más incorrecta, es dejar de tomar decisiones, porque nos paralizamos y la consecuencia letal es que dejamos de luchar por lo más hermoso, nuestros sueños.

Muchos padecen los síntomas del fracaso porque viven convencidos de que el éxito es fácil. Piensan que el éxito sonríe pronto, entonces la desilusión llega temprano. Según Amado Nervo,” la mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora del éxito”.

Tratar de hacer realidad nuestros sueños antes de tiempo es un imposible. Hay que tenerlo bien claro para evitar frustraciones prematuras y no perder el entusiasmo.

Los resultados de nuestro esfuerzo llegan en el momento que tienen que llegar. El que lleguen más tarde o más temprano depende de cuanto estemos preparados para aprovechar, de la manera apropiada, las oportunidades que nos da la vida. Este es un proceso que no podemos violentar.

 

Tenemos que estar convencidos de que es así para no correr el riesgo de caer en un proceso de bancarrota espiritual, que no sería otra cosa que aceptar que hemos entregado las armas…

En la escalada hacia el éxito muchos escalones pueden parecer infranqueables. Eso es cierto. Es posible que hasta nos veamos en la necesidad de descender uno, dos, varios de ellos antes de continuar el ascenso, pero lo que no podemos hacer es quedarnos estáticos contemplando la escalera por miedo a no llegar a la cima.

Si dejamos de hacer por temor a fracasar, nunca sabremos hasta donde llega nuestro talento. Eso sí es un rotundo fracaso!

En una ocasión alguien intentó convencer a Benjamin Franklin, uno de los padres de la nación estadounidense, de que había fracasado en un proyecto. Franklin le respondió: ”No he fracasado, solo he encontrado diez mil soluciones que no funcionan”.

Estoy seguro que Benjamin Franklin encontró diez mil soluciones más. No sé si funcionaron o no, pero lo intentó. Siempre fue en busqueda de sus límites. Así actuan los seres humanos cuando con un susurro le gritan NO al fracaso. Hasta la vista baby… Somos hijos del Éxito.