Si has escuchado mi programa en de radio, sabrás que esta frase se ha convertido en el toque final de cada emisión.

Desde el primer día que tuve la gran fortuna de iniciar con este programa radiofónico me propuse dejar un mensaje final que afiance lo que siempre he creído y que hace tiempo Charles Swindoll escribió en base a investigaciones que realizó durante muchos años: “Las palabras pueden transmitir adecuadamente el increíble impacto de nuestra actitud hacia la vida. Cuanto más vivo tanto más me convenzo de que la vida es un 10 por ciento lo que nos sucede y un 90 por ciento el modo en que reaccionamos ante ello”.

Esto aunado a uno de los mejores libros que he leído en mi vida llamado “Un hombre en busca de sentido” escrito por el Dr. Victor Frankl, que ha fortalecido en mi la importancia de decidir mi forma de reaccionar ante lo que me ocurre.

Victor Frankl era un psiquiatra judío y en tiempos de la segunda guerra mundial los nazis lo tomaron como prisionero y lo llevaron, al igual que a miles de personas, a los temibles campos de concentración de Alemania, donde vivió las peores vejaciones y humillaciones y que a duras penas podía describirlas con palabras en este impactante libro que les recomiendo ampliamente.

Los padres, el hermano y la esposa de Frankl, murieron en los campos de concentración o en la cámara de gas. De los miembros de su familia inmediata, solamente su hermana sobrevivió. Frankl sufrió torturas e incontables hechos indignantes, y la incertidumbre se hacía presente diariamente porque no sabía si sus captores le enviarían en un momento a las cámaras de gas o lo dejarían entre los “salvados”, con la penosa tarea de de quitar los cuerpos y remover las cenizas de los cremados.

Un día, desnudo y a solas en su cuarto, que más que cuarto era una barraca, Frankl comenzó a darse cuenta de lo que más tarde llamaría “la última de las libertades humanas”, la única libertad que sus captores nazis no podían quitarle. Sus captores podían controlar todo su entrono y hacer lo que quisieran con su cuerpo, sin embargo, nunca podrían destruir su identidad interior. Se vio a sí mismo como ser humano consciente de sí, con la capacidad de ser un observador casi objetivo de su situación. Todavía tenía en sí el poder de decidir cómo le afectarían interiormente sus circunstancias y el trato que recibía de los nazis. Y lo más importante es que vio que había una brecha entre lo que le sucedía (el estímulo) y su reacción ante éste (respuesta) y que en esa brecha estaba la libertad de poder elegir una respuesta.

Frankl entonces enfrentó la realidad de que sus propias decisiones, y no sus circunstancias, definían su identidad. No importa qué tan horrible sea su entrono, y no importa cuánta humillación y degradación le hicieran pasar otras personas, todavía tendría el control de cómo decidir su respuesta. ¿No crees que esto mismo puede ser aplicado ante tantas adversidades que te enfrentas durante tu vida?

Pasamos un sinfín de cosas buenas y malas, ausencias de personas que amamos y que significaron mucho para cada uno de nosotros, humillaciones y sinsabores que nos pueden llegar a marcar de tal forma que influirán negativamente en nuestro futuro. Pero después de conocer tantas historias de personas que han logrado tener un control en su forma de reaccionar ante lo que les sucede, creo que es fundamental decidir esto en todo lo que me ocurre.

No hay evento que pueda cambiarte por dentro, a menos que tú lo decidas o lo permitas. No hay persona que pueda hacer que respondas de una manera particular por dentro, a menos que tú decidas reaccionar de ese modo.

Tenemos una libertad para forjar nuestras propias opiniones, ideas, actitudes y decisiones y esto reside únicamente en cada uno de nosotros.

No cabe duda que la decisión más grande o importante que puedo tomar es la forma en la que reacciono ante todo lo que me pasa, la forma como decido enfrentar alguna adversidad. De esto dependerá en gran medida mi actitud que me permitirá seguir andando o me impedirá el progreso.

Tú sabes que todas las emociones negativas derivan de nuestras actitudes y lo más importante es que las actitudes son algo que podemos controlar. En este momento que estás leyendo este artículo, tú puedes elegir qué pensar y por ende, cómo sentirte durante los próximos minutos.

Si por alguna razón estás viviendo una pena, puedes decidir cómo reaccionar ante eso que te ocurre. Puedes, si quieres, sentir hoy mismo celos, ira, hostilidad, miedo, culpa, preocupación, vergüenza o resentimiento. Todo esto lo puedes sentir si así lo decides. O también puedes sentir tranquilidad, esperanza, fe, amor, alegría y otros tantos sentimientos que te den estabilidad si decides pensar en forma optimista y positiva.

Estoy plenamente convencido que no es lo que me pasa, lo que me afecta, siempre será la forma en la que reacciono ante lo que me pasa. Deseo que tengas en mente esta frase durante todos tus días y la hagas vida; que analices cómo te sientes en este momento, que no olvides que tus sentimientos son producto de tus pensamientos y que es, y será siempre, una decisión personal el elegir qué piensas.

GQI-CesarLozano

* Cortesía de César Lozano La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.