¿Tienes metas?   No me digas que no, todos tenemos, date unos segundos para pensar en esas metas. “Debemos trabajar duro para alcanzar nuestras metas” se nos ha dicho toda la vida, verdad? Pero te has detenido a pensar cuál es el verdadero fin, el verdadero sentido de plantearse metas?

Hay un propósito detrás del propósito. Si, es que no hacemos las cosas sólo porque sí.  A ver, por qué deseamos cumplir esa meta que tenemos en mente? Digamos que es “tener éxito profesional”, una meta que muchos compartimos, ¿cierto? Desglosemos. ¿Por qué quieres ser exitoso profesionalmente? porque así podré tener mejores ingresos económicos y ¿por qué quieres tener mejores ingresos económicos? ¡para poder darle a mi familia lo mejor!   Y ¿por qué quieres darle a tu familia lo mejor? para que estén bien, y ¿por qué quieres que estén bien? para que sean felices y ¿por qué quieres que sean felices? Porque si ellos están bien y felices, ¡yo me sentiré bien y feliz!

Al final del camino, amigos, de cualquier meta que nos planteemos, sobre todo estas grandes metas, encontraremos ese común denominador: Nuestro principal objetivo en la vida es ¡ser felices! Esa es a la que yo llamo la meta principal. Lo que nos planteamos en la vida son el propósito obvio, el externo, yo lo llamaré la meta secundaria. Lo que pasa es que muchos creemos que es el principal. Pero detrás de eso buscamos bienestar, buscamos paz, buscamos felicidad, buscamos estar bien. ¿Me siguen?

El problema está en que nos perdemos. Resulta que anotamos y pegamos en el espejo del baño, en la pantalla de la compu y hasta en el retrovisor del carro mil recordatorios de cuál es nuestra meta.  Y entonces, nos empezamos a estresar. Nos enojamos y frustramos por lo que no sale perfecto, en el tiempo en que nosotros creemos que debe hacerse, etc. Empezamos a dejar a un lado cosas que nos enriquecen y nos hacen felices, para enfocarnos en nuestra meta. Empezamos a sufrir en la construcción de nuestro propósito. Nos obsesionamos con él y muchas veces creemos que no hay salida ni marcha atrás. Hemos perdido de vista o de conciencia nuestra meta principal.

Observemos estas incongruencias que vivimos: Somos infelices buscando sobresalir profesionalmente para poder ser felices, absurdo, ¿no? Es como decir: voy a ser el mejor futbolista y por eso, no voy a entrar nunca al campo para que no cometa ningún error y así poder ser el mejor futbolista. Completamente contradictorio!   Mi propósito, mi meta, mi objetivo principal (recordemos que es ser feliz, estar bien, estar en paz) no se obtiene “después de”, se vive “durante”, durante ¿qué? ¡durante la vida misma! Durante las situaciones que elijamos vivir. E incluso, durante las situaciones que no hemos elegido vivir.

Nuestra meta secundaria es sólo un camino de muchos que existen para lograr nuestra meta principal y lo mejor para lograr nuestra meta secundaria, que claro que puede ser una buena aventura lograrla, es disfrutarla en toda su trayectoria, es vivir nuestra meta principal en todo el recorrido de eso que nos hemos planteado. Jamás una meta principal vendrá como consecuencia de lograr una meta secundaria. En otras palabras: jamás la verdadera paz y felicidad vendrán de lograr o alcanzar algo externo. Puede darnos satisfacción, que seguro querremos volver a sentir y por lo tanto nos seguiremos planteando metas más altas y más lejanas, pero eso es momentáneo, es circunstancial. Eso no es la felicidad.

Un exitoso empresario con quien tuve la oportunidad de conversar me comentaba: Iba logrando mis metas profesionales y económicas, pero cada vez me distanciaba más de mi familia, de mis tiempos de disfrutar, de compartir con los demás, de ser feliz. Me volví más exigente, menos tolerante, mucho más enojado y amargado, con mis trabajadores y con mi familia, ¡con el mundo entero! Creía que con seguir creciendo profesional y económicamente por fin sería feliz. hasta que tuve delante los papeles del divorcio y con ello también la separación de mis hijos. Eché reversa y con verdadero terror de lo que podría pasar, decidí renunciar a lo que hacía y como lo hacía. Entendí que mientras más me enfocaba en lo que yo creía que era “mi meta” más me alejaba de mi felicidad y mi bienestar. Cuando recordé que todo lo que yo buscaba era ser feliz, me di cuenta que la fórmula era más sencilla y todo se reacomodó en mi vida. Mis metas ahora son un camino para disfrutar y no para obsesionarme con ellas, eso sí, mi familia, mi vida y todas las bendiciones que recibo, como ser feliz, no son negociables, ni por el mejor puesto ni toda la plata del mundo.

Estudios recientes han demostrado que la fórmula en que todos hemos creído por siglos de: debemos trabajar para ser felices, es errónea. Expertos en estudiar la motivación y la felicidad en el mundo han encontrado que la fórmula es a la inversa. ¡Aunque suene increíble! Yo lo escuché hace un tiempo en una conferencia y me pareció maravillosa la revelación: Es la felicidad la que trae la productividad y por consecuencia, las oportunidades y por lo tanto una mejor economía y mil cosas más. Lo que nos deja la interrogante: si es la felicidad la que trae la productividad, cómo y dónde busco la felicidad si todos estos años creí que vendría de esforzarme en ser productivo y cumplir con mis metas?   Entre otras cosas, que me encantaría ir abordando poco a poco en futuros podcast, les puedo decir que uno de los factores principales es el que hoy platicamos: recordar disfrutar el camino, entregarme al momento que vivo a este instante por muy simple que parezca. Y es por esto que cada vez más escuchamos eso de: busca hacer lo que te apasione. Porque así podremos disfrutar con mayor facilidad esas tareas que se requieren.

No podemos llegar a la gran meta, debemos vivirla dentro de nosotros. Las metas son buenas, pero dejan de serlo si alejan y arrebatan nuestra felicidad.

Las metas no se alcanzan, se viven.

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.