En la era de la tecnología, donde todo parece más fácil, pero igual más absorbente, deseamos tener más tiempo para nuestra familia. En esta época en que pareciera que las cosas pudieran hacerse más fáciles, es cuando estamos menos presentes en nuestro presente (aunque suene como un juego de palabras).

Me siento muy feliz cuando son las 4 de la tarde y estoy regresando a casa, para poder disfrutar con mis hijas. Y entonces empieza la “jaloneadera” de “Mami, juega conmigo!”, “Mami, mira lo que hice”, “Mami… mami… mami”. ¿Les ha pasado? Y hasta aquí suena todo muy romántico y perfecto, pero, ¿saben cuál es la respuesta que en más de una ocasión les he dado a mis hijas? “Hola, mi amor. ¿Sabes qué? Mami va a revisar unos correos y luego juega contigo”. “Linda. Solo necesito terminar un documento y estoy contigo”. ¿Les suena?

En varias ocasiones, mis hijas me han invitado a sentarme a ver la tele, y confieso que me cuesta muchísimo. Generalmente, traigo conmigo mi celular, laptop o tableta para poder adelantar cosas pendientes en lo que ellas están “distraídas”. ¡Cómo si sintiera que ver tele con ellas y poner atención a lo que a ellas les interesa, fuera una pérdida de tiempo! Y en más de una ocasión también me han dicho: “Mami, mira la tele, no tu compu!”.

¿Para qué pedimos más tiempo en casa si aun así no estamos? ¿Para qué peleo por estar más tiempo con mis hijas, si cuando puedo me aíslo en las “herramientas” de que disponemos hoy en día? ¿De qué nos sirve añorar un almuerzo familiar si cada uno está más lejos que el otro, encerrado en una conversación que ni siquiera está sucediendo en ese lugar? ¿Para qué salgo corriendo en el carro “para estar con los míos”, si ni siquiera estoy yo con ellos?

Que conste que no estoy en contra de todo lo que nos facilita estar conectados, informados. Ustedes sabrán que me gusta la tecnología. Pero de nada me sirve si no aprendo a administrar bien mi tiempo tecnología-vida humana.

Después de varios días en que, tanto Carlos como yo, nos hemos observado y hemos visto cómo nuestras hijas llegan a demandar la atención de papá y mamá, que están embobados frente a una pantalla, decidimos empezar a poner reglas, empezando por nosotros. Porque ya nos ha tocado que alguna está jugando en el iPad o la compu y la tenemos que llamar mil veces para que se acerque a comer, o que nos ponga atención y nos obedezca. Estamos cosechando lo que hemos sembrado.

He descubierto que lo mejor es regresar a casa con las herramientas tecnológicas descargadas. Obligatoriamente las tengo que cargar, por lo que tienen que permanecer en mi habitación. Me obligo a estar sin ellas un buen rato, para poder “estar”. ¿Absurdo, no?

¿Queremos hijos que nos escuchen y que se interesen por nosotros? ¿Queremos gente que vea a los ojos cuando le hablan y puedan disfrutar de una relación familiar en vivo? ¿Queremos estar presentes en nuestro presente?

Démosle el ejemplo. Ellos están aprendiendo cómo se tratan los seres humanos.

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas invitados no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.