¡A nadie nos gusta perder! Cualquiera que sea la competencia, juego o reto en el que nos desafiemos vamos con la mente puesta en ganar, ¿verdad? ¡Así debe ser!

Queremos probarnos a nosotros mismos que somos capaces, que podemos superar a otros, ser los mejores, recibir el reconocimiento público, etc.

Pero hoy quiero platicarles de lo que he observado y me han confirmado muchísimas más personas que, como yo, estamos en la búsqueda de ser cada día más felices y entender esos grandes secretos de cómo vivir mejor. ¡Resulta que no nos hemos dado cuenta que nos encanta perder! Es más, tenemos enfrente la forma en que podemos ganar siempre en la partida de la vida y ¡decidimos perder! Les voy explicando poco a poco.

¿Siguen el futbol? Recuerdo que cuando era pequeña, nos juntábamos con unos amigos de mis papás a ver algunos partidos y a mi hermana mayor cuando le preguntaban ¿por quién vas? Ella siempre tenía la mejor respuesta de todas: ¡por el que gane! Nos parecía tramposa su respuesta, eso no era ir por ningún equipo, eso era ir por el ganador y no arriesgar nada, ni emocionarse nada, sino simplemente esperar el resultado ¡así no se vale! Y si bien, no voy a hablar de futbol, quise traer este ejemplo porque creo que es lo que se nos olvida a la hora de “enfrentarnos en el partido de la vida”.

El encuentro es siempre entre la vida y nosotros porque nos encanta enfrentarnos a la vida, sobre todo a lo que ha pasado. Estamos en constante pelea con la realidad, con la vida, con lo que “es”. Como lo he mencionado en otras ocasiones, si nos peleamos con lo que es, ¡llevamos las de perder! Porque nos enojemos con las cosas que son, no se van a modificar mágicamente ¿cierto?

Me encanta hacer esta pregunta en mis conferencias: porque nos enojemos con el tránsito de las mañanas ¿van a pasar más rápido los automóviles? ¡Claro que no! El día que el problema del tránsito se resuelva en el mundo porque nos enojemos ¡ yo sería la primera en enojarme!

¿Con qué te has peleado últimamente? ¿Con el desorden del cuarto de tus hijos? ¿Con las 10 libras que subiste en el último año? Con el choque de la semana pasada? ¿ Con que se arruinó tu computadora? ¿Con la decisión que tomaste y que no trajo los resultados deseados? Pon cualquier ejemplo, por muy simple o complejo que sea, ponlo sobre la mesa y date cuenta que eso es parte de tu realidad eso es lo que ya existe. Lo que tienes entre las manos y si te pones a pelear con esos hechos no se resuelven así por así estás peleando con la realidad y la realidad es lo que es. Es lo que se supone tuvo que haber pasado, nos guste o no, porque si no se suponía que tenía que pasar, no hubiera pasado. Quien rige es la realidad.

Con esto no quiero decir que nos crucemos de brazos y aceptemos todo lo que está por venir aunque nos destruya ¡no! Nada más erróneo que pensar que por no pelearnos con la realidad dejemos de vivir y de construir nuestra vida. El asunto es que nos quedamos peleando con la realidad por minutos, horas, días y ¡hasta años! Y no hacemos nada para cambiar la situación o cambiar nosotros en la situación.

Así es que si, por ejemplo, tomé un camino en donde el tránsito está insoportable y me peleo con mi decisión, con el tránsito, con los autos, con los conductores ¡estoy perdiendo! ¡porque eso es lo que hay!

De nada nos sirve pelearnos con la realidad ¡si es la realidad! Viviremos con más paz y tranquilidad si aprendemos a aceptar la realidad, pero a construir sobre ella. ¿Perdí una materia en la universidad? No me peleo contra eso si ya pasó!! Mejor me preparo para ganar a la próxima.

No te enojes con la realidad, ¡no conseguirás cambiarla con tu enojo! Acéptala como gran maestra y a partir de ella, ¡construye!

¿Por qué equipo vas? ¡Por el que va a ganar! Yo voy por la realidad, es la garantía que tengo de que estaré más enfocada en mi presente y, como es todo lo que tengo, es allí donde vivo, soy feliz y ¡construyo!

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.