Hace algún tiempo, en History Channel, mostraron la historia de los que se conocieron como los “Gigantes de la Industria”. Hablaban básicamente de Henry Ford, Vanderbilt, J.P Morgan, Rockefeller, Carnegie, etc.

Me detuve en este último en particular, Andrew Carnegie. No por su protagonismo de aquella época – llegó a ser el empresario mas poderoso – sino por lo que generó a través de un estudio que le encargó a un joven – por aquel entonces – llamado Napoleon Hill.

A Carnegie no solamente le interesaba su fortuna sino también saber cómo los hombres mas ricos del mundo consiguieron lo suya.

De allí encarga a Napoleon Hill que estudiase no solo a los empresarios más prósperos de aquella época sino a toda celebridad exitosa. Carnegie financió por años el proyecto y así fue como Napoleon se dedicó a entrevistar a esta gente, no solo en USA y Reino Unido sino por el mundo.

Concluyó que todas estas personas, emprendedores por definición, tenían principios casi universales como fórmula de éxito, al margen de lo que cada uno se dedicara. Tanto creyó en éstos que él mismo los aplicó dando vida a uno de los libros mas vendido de la historia: “Piense y hágase Rico” (1937).

Su estudio determinó que sólo el 3% de la gente que emprende llega a ser exitosa en toda su dimensión, es decir un selecto “Club del 3%”.

Hace unos años se realizó un estudio a un grupo de universitarios. Se los encuestó acerca de sus objetivos profesionales inmediatos y de mediano plazo al egresar.

Esa encuesta dio como resultado que sólo el 3% del grupo sabía claramente hacia dónde se dirigía profesionalmente mientras que un 97% no.

Realizaron un seguimiento caso a caso durante años como parte del estudio. Finalizado, se hizo un comparativo entre aquellos que tenían muy clara su meta profesional versus aquellos que no.

Resultó que quienes tenían muy claros sus objetivos los habían cumplido y quienes no lo tenían no. Es decir, quienes habían visionado su futuro cumplieron sus metas mientras que el resto no. Incluso varios habían cambiado de profesión.

Un dato aún más revelador demostró que el 3% de la gente consiguió el 98% de los ingresos totales del grupo, sólo el 2% restante quedo en manos del 98%. Nuevamente “el Club del 3%”.

En otras palabras; cien años antes o después, los principios básicos del éxito son los mismos!

Visionar nuestras metas es fundamental. Saber hacia dónde vamos es una, sino la más importante, clave de éxito que podamos tener.

* Cortesía de Pablo Furnari La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.