Por ISMAEL CALA

Finalizó la Copa del Mundo Brasil 2014 con la victoria de una aplanadora llamada Alemania. Ahora muchos se preguntan qué hacer con sus vidas, después de que el fútbol se convirtiera no solo en centro de todas las conversaciones, sino en denominador común del planeta. Sin dudas, para muchos, la depresión post-mundial será un crudo regreso a las decisiones mundanas de nuestra cotidianeidad. Para algunos gobernantes, fue una cortina de humo que distrajo la atención hacia el balón que representaba la identidad del país.

Lo cierto es que con las sorpresas y alegrías de la Copa, este lunes la historia tiene un nuevo campeón y nosotros preparamos nuevos espacios para centrar la atención, el foco y la energía. Aquí es donde pido que busquemos, más allá de la distracción, dónde podemos colocar nuestra voz para ayudar. A fin de cuentas, el orgullo de pertenecer a un país, enarbolado por una selección de fútbol, puede vivir cada día si miramos a los que menos tienen y más nos necesitan.

Cada vez que visito un país trato de no quedarme con la postal turística del hotel o de la gente que puede asistir a una de las conferencias que dicto. De hecho, en casi todas las instancias, mi equipo de CALA Enterprises busca alianzas para beneficiar a alguna fundación que trabaje en el mejoramiento de las condiciones socio-económicas de las comunidades.

Por eso, mi aplauso de hoy va para el Dr. Mark Arellano y todo su equipo de Passion Asociación, en Guatemala. Por cierto, ellos me llevaron a ese hermoso país en 2012, por primera vez, para un evento de recaudación de fondos. Esta vez, Passion me hizo partícipe de un proyecto de ayuda con alimentos, ropas, entretenimiento, salud y educación para una comunidad asentada en el Basurero Zona 3 de Ciudad de Guatemala. Allí habitan alrededor de 900 niños. Su realidad es cruda. Muchos no reciben educación alguna, por tener que acompañar a sus padres a trabajar entre la basura. No se conoce cuántos carecen de documentos legales. O sea, son invisibles.

Después de estas visitas, me voy con la impotencia de no hallar cómo erradicar la abismal disparidad en la distribución de la riqueza en nuestros países. Sé que, para muchos, hablar de igualdad social resulta una utopía, debido a la superpoblación mundial y a las estructuras sociales prevalentes. Pero mucho podemos hacer desde el ser, desde nuestro aporte individual como ciudadanos. Crear conciencia, alzar la voz, donar tiempo, energía, fondos y, sobre todo, ponerle pasión a causas que están donde pasamos a diario o muy cerca de nuestro entorno.

De Guatemala me voy con el corazón comprometido, para formar parte de un proyecto que da pan de vida a familias y niños que claman por esperanza, educación, oportunidades y salud para su mente y espíritu. Me voy pensando que ahora que la Copa del Mundo ha acabado y deja un vacío de fuertes emociones, deberíamos emocionarnos con el poder de dar. Porque nada en el mundo nos deja mayor satisfacción que aprender y ofrecer nuestra esencia de amor y generosidad. Al final, ese debe ser el verdadero pan nuestro de vida de cada día.

Felicidades a Passion Asociación por el maravilloso trabajo que lidera en Guatemala. Sin dudas, hace la diferencia. Dios es amor, hágase el milagro.