¿Llegas a la Navidad sintiéndote mal por haber roto el corazón de alguien? ¿Eres de quienes durante el año ofendieron a sus seres queridos de palabra u obra y hasta ahora no has pedido perdón de la manera en que debieras? Porque decir “disculpa” o “sorry” de pasadita no basta ni siquiera para empezar a cerrar la herida.

Tu pareja necesita escucharlo de tus labios, de manera sincera. ¿Por qué no aprovechas que ésta es una época muy propicia no solamente para perdonar sino también para pedir perdón? Y si bien hay que ser bien valiente para hacerlo, una vez consumado el hecho, la paz que se siente no tiene precio.

Durante el año que termina, los errores entre esposos -que escuché en mis sesiones de consejería- se convirtieron no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazaban la relación misma y que los hacían hasta dudar de su amor mutuo. Muchas parejas empiezan a preguntarse entonces: ¿pero cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo a mí que tanto lo quiero, o que tanto he hecho o dado por mi cónyuge? Y se levantan murallas entre ambos, obstáculos que ya es hora de derribar ¡sobre todo en Navidad!

Pedir perdón es esencial a lo largo de la vida, sin embargo, no siempre las personas son lo suficientemente rápidas a la hora de decir “lo siento” después de un conflicto. En ocasiones, suele suceder que los esposos pasen tiempo sin hablarse. Hay que pedir perdón también por eso, porque la ley del hielo le dice a nuestro ser querido “tú no existes para mí” y tal tipo de rechazo no se lo damos ni al enemigo.

Cuanto más tiempo pases en medio del orgullo, más difícil será armarte de valor para tener este gesto de humildad. Es obvio que en la medida en que se quiere más, duelen más las heridas de una decepción. Y tu ser amado puede seguir sufriendo porque no le has pedido perdón. Cualquier momento es bueno para dar este paso. No hay excusas para ir dejando esta decisión para mañana, pero si prefieres hacerlo en Navidad, aquí te recomiendo cómo.

Primero y ante todo, muéstrate dispuesto(a) a admitir tu falta, a decir “lo siento te hice sufrir y nada lo justifica”, a arrepentirte y tener propósito de enmienda, lo que supone no volver a cometer el mismo error otra vez.

No hay mejor regalo que le podamos dar a nuestros hijos en Navidad que el don de la reconciliación familiar. Nuestros niños no pueden ser felices si sus padres se detestan, se ignoran o se pelean como perros y gatos delante de ellos. Es hora de hacer algo que marque la diferencia de esta Navidad con respecto a las anteriores.

Y he aquí mi sugerencia: Espera el momento propicio para hacerlo en privado pero, si eres valiente y la petición de perdón es pública, tendrá mayor valor aún. Cuando todos estén reunidos, antes de la cena de Nochebuena, solicita un minuto de atención a los presentes. Entonces, cuando todo el mundo esté callado escuchando lo que vas a decir, te diriges al lugar de tu cónyuge, le tomas las manos y mirándole a los ojos, le dices algo como esto: “Desde lo más profundo de mi corazón te pido perdón por las veces que durante el año que termina dije o hice algo que te hirió. Lo lamento mucho. Te ruego me perdones. Voy a poner todo de mi parte para cambiar durante el nuevo año por ti, por nuestra familia, por mí mismo(a) y sobre todo porque es lo que Dios quiere de mí. Te amo… ¿Me perdonas, por favor?.” Y luego sellas el precioso momento con un fuerte y prolongado abrazo. ¡Feliz Navidad!

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.