Siempre que escucho a alguien dar el sabio consejo: “no te preocupes, pon mente positiva”, me sonrío porque a pesar de ser algo que necesitamos hacer en momentos difíciles, no es tan fácil como parece. La razón es que cada día tenemos entre 12 mil y 70 mil pensamientos, y el 80 por ciento de ellos son negativos por naturaleza. Y lo peor es que son repetitivos y repetidos, los de ayer los pensamos hoy y los de hoy nos llegarán de nuevo mañana.

Por eso creo que, más que tratar de pensar “positivo”, debemos evitar los pensamientos negativos en todo momento. Les digo cómo.

Los pensamientos son negativos cuando se enfocan en problemas, críticas, fallas, dificultades, envidia, condena a los demás o uno mismo, pensamientos de enfermedades o accidentes, destructivos y pesimistas. Estos vienen de la propia mente, de otras personas, de las noticias y desastres naturales.

Pero estos pensamientos pueden ser muy dañinos. Emocionalmente no permiten ver las cosas como son en realidad, sino peor de lo que son. Producen sentimientos de rabia, estrés, tristeza y hasta depresión. Además, cuando estos se apoderan de la mente, las personas se vuelven pesimistas y sufren de baja autoestima.

Quienes piensan negativamente con regularidad se ven afectados físicamente y pueden ver debilitado su sistema inmunológico, por eso son más propensos a sufrir de resfriados. El estrés que causa pensar de forma negativa constantemente puede elevar la presión sanguínea y aumentar la producción de la hormona cortisol, que mantiene en jaque a nuestro sistema nervioso.

¿Pero qué pasa cuando pensamos positivamente?

Pensar positivamente ayuda a manejar mejor el estrés de la vida diaria. La persona es más optimista y ve posibilidades en lugar de problemas, cuando las situaciones negativas se presentan. Desde el punto de vista físico alivia la depresión, fortalece el sistema inmunológico, disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares y reduce el estrés.

¿Qué hacer con los pensamientos negativos?

Pues algo muy simple, rechazarlos y cambiarlos por pensamientos positivos. Por eso es importante no dejarlos permanecer mucho tiempo en la mente. Cambiarlos por unos más constructivos y que ayuden. Enfocarse en las cosas que si están funcionando y ver las cosas como son y no peor de lo que en verdad son.

Esto no quiere decir que, si algo negativo sucede, como un accidente, lo ignoremos. En ese momento se debe hacer lo que sea necesario para resolver la situación y después, aunque los demás critiquen, es importante no pensar más en ese evento, o al menos no hacerlo durante todo el día.

No se trata de pensar que las cosas malas no están pasando, sino de ver las cosas como son. Hay es que estar claros que muchos de esos pensamientos negativos no son ciertos, son creados por la ansiedad y la historia que uno se repite a uno mismo constantemente en la mente.

Por eso, aunque no es fácil de hacer, es necesario observar constantemente, sobre todo al principio, nuestros pensamientos para estar alertas cuando llega el negativo y ahí mismo rechazarlo y cambiarlo por uno mejor.

Esto se puede lograr de varias formas, utilizando la imaginación y accionando una especie de control remoto con botoncitos y todo para bajarle el volumen a esos pensamientos repetitivos; también podemos conscientemente decidir pensar en otra cosa cada vez que un pensamiento negativo se haga presente, así como cantar, rezar y repetir mantras. Finalmente, podemos valernos de los inmensos beneficios de la meditación y practicarla diariamente, ya que esta ayuda a tener un mejor control mental.

Lo importante es no dudar ni por un momento en que todos tenemos el poder de cambiar nuestros pensamientos y nuestra mente y con eso cambiar nuestra vida.

Recuerda que no es lo que pasa, sino lo que hacemos con lo que pasa.

* La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.