Desde que nací el mundo está en crisis. Cuando no es económica, es de valores, de familia o emocional. Siempre vivimos en crisis, algunas más locales, otras más personales o universales, pero al parecer siempre están presentes. Cómo las asumimos o las decidimos vivir es lo que hace la diferencia.

Hace poco, viví uno de esos momentos mágicos y únicos que solo el amor, la infancia y la inocencia te puede regalar si te lo permites. Y, a su vez, su lección correspondiente.

Mi sobrino Jeremy tiene siete años y está comenzando el proceso de mudar dientes. Si lo piensas desde su visión, es una situación terrible. Se te afloja un diente, herramienta importante para la digestión cotidiana; el rostro se te verá cómico. Eres consciente de que pronto se te caerá, sin que nadie pueda hacer nada al respecto. Solo existe la promesa etérea de que, una vez que eso ocurra, por un hecho casi mágico-fantasioso, te crecerá otro en el mismo lugar, mejor y más fuerte.

Imaginemos la confianza que hay que tener con los líderes que te acompañan por el proceso. Ellos siempre lanzan la profecía: “¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porque así es!”.

Jeremy comía unas cotufas o palomitas de maíz, con un gusto que la vida radicaba en cada bocado. Su mamá y yo conversábamos de varias cosas cuando de pronto ocurrió. El niño brincaba de alegría como un loco, intentando comunicar lo que las imágenes explicaban por sí solas: una sonrisa desdentada de oreja y una boca que sangraba sin parar. El espectáculo era un poco sórdido y paradójico. Normalmente, la sangre y las sonrisas no se asocian.

Pero allí estaba, el sin-diente, anunciando al mundo su pérdida para que todos se enterarán. No hubo duelo, ni miedo al “¿y ahora qué hago?”. Hasta le agradeció a las cotufas ser detonantes de la situación. Él estaba feliz de saber que se despedía de una etapa y de que, mientras la cosa se normalizaba, podría asumir su extraño rostro con alegría, jugando a crecer. Lo demás estaba claro:”¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porque así es!”.

Las pérdidas o cambios de circunstancias están a la orden del día, y más aún si juegas al alto rendimiento. Ojalá cuando asumamos el papel de líderes, nos hayamos ganado la confianza y la legitimidad para afirmar “¡Todo será mejor! ¿Por qué? ¡Porque así es!”; de tal forma que quienes nos siguen la asuman como elemento de motivación y no como factor de temor o incertidumbre.

* Este artículo se publica por cortesía de Maickel Melamed. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.