Esta es la pregunta del millón de dólares, que me hacen tanto las parejas que vienen a consejería como mis seguidores en la redes sociales, quienes se encuentran sufriendo las consecuencias de una traición amorosa. Ellos, como tantos otros, han vivido esa infidelidad, que haciendo uso de la mentira, el ocultamiento y el engaño, erosiona la relación y destruye uno de los pilares más importantes de la misma: la confianza.

Cuando la confianza es traicionada, la relación tambalea. Pero no todas las parejas reaccionan igual. Diversos factores inciden en que una persona decida dar o no otra oportunidad a su cónyuge infiel. A estos factores los llamamos “restricciones maritales”. A mayor notoriedad de la pareja en la esfera pública, mayor cantidad de restricciones. Resulta comprensible que Hillary Clinton no se divorciara. Más importante era su carrera política y aminorar los estragos del desliz de su esposo que reaccionar como cualquier otra mujer reaccionaría.

Otra de las restricciones maritales más frecuentes son los hijos, especialmente si son pequeños. Muchas parejas deciden luchar por salvar sus matrimonios —después de una infidelidad— para no perjudicar a sus niños con el divorcio. Otros lo hacen por motivos financieros. Pero en ninguna de las razones anteriores el perdón suele ser verdadero, porque el espíritu no está involucrado.

Solo aquellos que tienen una necesidad de perdonar de índole espiritual —después de haber escudriñado su propia alma en pos de claridad emocional—, pueden llegar a experimentar los beneficios del perdón. Lo ideal es iniciar juntos el proceso de cerrar la herida. Hay que coserla, remendarla con paciencia y buena voluntad. Hay que comunicar los sentimientos de manera abierta, franca y transparente.

Para que el perdón sea auténtico, la víctima deberá:

1) Desistir – Dejar el tema en paz, desapegarse de la situación. Tomar la decisión consciente de no albergar resentimientos, lo que incluye renunciar a desquitarse.

2) Resistir – Abstenerse de castigar. Tener paciencia, canalizar las emociones.

3) Olvidar – Se trata de un empeño activo, no pasivo. Abandonar voluntariamente la práctica de obsesionarse. Tomar distancia sin mirar atrás. Vivir en un nuevo paisaje, escribiendo una nueva historia en una página en blanco.

¿Cómo puedes saber si ya has perdonado?

Tiendes a sentir tristeza por las circunstancias en lugar de rabia; compasión en vez de rencor. No hay recuerdos que te torturen o atormenten. No hay una soga alrededor de tu tobillo impidiéndote partir. No hay deuda que cobrar. Eres libre para irte o permanecer a su lado. Y decides quedarte.

Aparte de decidir perdonar como un asunto espiritual de vital importancia para el mantenimiento de la paz interior, mi recomendación es que la pareja acuda a terapia para reconstruir la confianza rota.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.