Siempre que me refiero a la capacidad del perdón, me viene a la mente Nelson Mandela, un hombre capaz de perdonar a quienes lo mantuvieron encerrado, sin razón, por más de veinte años.

Para Mandela, la venganza te rebaja al mismo nivel quetu enemigo, mientras que  el perdón te hace superior. Él fue capaz de demostrarlo, y gracias a esa convicción, su país, Sudáfrica, a punto de una guerra civil, logró eliminar el oprobioso apartheid de la manera menos traumática posible.

Pero, ¿perdonar significa olvidar? La respuesta es compleja. Cuando suceden aberraciones como esas, el perdón no puede implicar olvido, pero con el único propósito de evitar que se repitan las situaciones, para no tropezar dos veces con la misma piedra. Son agravios que merecen perdón, como toda acción humana en la vida, pero también requieren de memoria histórica.

Perdonar sin olvidar no significa vivir agobiado eternamente por el recuerdo de un ultraje, no es seguir sufriendo hoy las injurias del ayer. De ser así, no sería válida ni reconfortante la acción de perdonar. Es como no estar dispuestos a disfrutar la calma porque acaba de azotar una tormenta.

Esa actitud enrarece la existencia y obliga a  los seres humanos a arrastrar las pesadas cadenas del pasado. Perdonar y no olvidar significa no desdeñar el pasado, pero disfrutar del presente, gracias, precisamente, a la decisión de hacer valer el perdón. Significa proteger el futuro de nosotros mismos y de las generaciones futuras.

Perdonar es una acción noble y heroica que sana heridas. Y, como dijo el propio Mandela, “libera el alma y hace desaparecer el miedo… Permite que hasta el enemigo se libere de su odio”.

Respeto también a quienes viven convencidos de que el perdón ha de venir, en todo momento, aparejado con el olvido de la ofensa. Quienes piensan así, sustentan que esa noble acción no se realiza completamente hasta que no se borra de la memoria el escarnio del que hemos sido víctimas.

Cuando no olvidamos —sustentan—, aunque tratemos de negarlo, las heridas nunca cierran, siempre están a flor de piel, a pesar de haber ejercido el perdón. Se pueden abrir en cualquier momento y por cualquier razón. Si no olvidas, nunca podrás perdonar.

Como aseguré, la respuesta a la pregunta de si perdonar significa olvidar es compleja. Cada cual responde de acuerdo con su experiencia, su formación, su punto de vista filosófico. Sin embargo, coincidimos todos en la necesidad del perdón y en lo grande que se convierte el ser humano cuando tiene la valentía de ejercerlo.

Podemos perdonar y olvidar, o perdonar y no olvidar. Lo inadmisible, lo ciertamente ingrato es olvidar que alguna vez fuimos perdonados.