En contra de todo lo que se ha creído en relación con el dicho popular que dice “perro que ladra no muerde” hoy quiero afirmar que “sí muerde”. Perdón por la comparación que realizo, pero cuando se trata de problemas de depresión entre los adolescentes y jóvenes, y sus amenazas en relación con atentar contra su vida, es fundamental tomar cartas en el asunto, ya que para muchos padres puede ser interpretado solamente como una forma de llamar la atención o una chiflazón más.

El índice de intentos de suicido y su consumación va a la alta. Las cifras son alarmantes. Los intentos suicidas son veinte veces más frecuentes que los hechos consumados, pero no por eso le quitan el significado de no aceptar su realidad. Se estima que aproximadamente el cinco por ciento de las personas intenta suicidarse; pero la idea de cometer un suicido se presenta en entre el 10 y el 14 por ciento. Esta información es la más reciente emitida por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, en varias de mis conferencias con jóvenes he realizado una pregunta abierta y la respuesta que obtengo me sorprende siempre. ¿Quién de ustedes alguna vez ha expresado que no quiere seguir viviendo? Y la respuesta generalmente es la misma. Más del 50 por ciento levantan su brazo. Eso me impacta y más el hecho de que una figura pública, hija de una gran ídolo de millones de personas en el mundo, exprese públicamente que por extrañar tanto a su padre no desea seguir viviendo. “Yo era su niña consentida, y ya no lo soy para nadie”. ¿Cuántas y cuántos adolescentes se identificarán con ella? O peor, ¿para cuántos será ella un modelo a seguir?

Difícilmente olvidaré una entrevista realizada a la presidenta de una asociación creada en contra del suicidio en Nogales, Sonora. Nuri, su presidenta, abrió esa asociación después de haber sufrido el tremendo dolor de perder a su hija Daniela por esa decisión basada en situaciones que su familia no detectó. Cuando le pregunté a Nuri sobre la veracidad de la extrapolación de la frase “perro que ladra no muerde”, ella sin titubear me dijo “claro que muerde”. Se dirigió al público con un mensaje contundente: “por favor, analicen signos de alarma que pueden pasar desapercibidos como me sucedió a mí y puede ser la diferencia entre la vida o la muerte de un ser querido”. Comparto algunos de ellos:

  1. Analiza cambios drásticos en su conducta. Si siempre ha sido un ser alegre, relativamente sociable y últimamente lo ves retraído, triste, demasiado irritable o solitario, es momento de poner atención y analizar las posibles razones, sin convertirnos en investigadores inquisitivos o necios.
  2. Es responsabilidad de nosotros los padres identificar qué hacen cuando constantemente pasan las horas encerrados en su cuarto sobre todo conectados al internet. Labor difícil pero no imposible.
  3. La calidad de sus amigos te puede dar información sobre sus gustos o aficiones. Identificar sus modelos a seguir también.
  4. La ruptura amorosa es una valiosa oportunidad para ganarte su confianza y promover la expresión de sus emociones sin necesidad de juzgar sus actos. Nada duele más a un adolescente o a un joven como abrir su corazón y tenerte confianza y encontrarse con reproches, recriminaciones y juicios que en ese momento no vienen al caso. Posteriormente habrá oportunidad de analizar las razones y llegar a concusiones, pero no en la etapa crítica donde lo que más necesita es comprensión y cariño.
  5. Identifica los “castigos” que frecuentemente aplicas, fruto de sus acciones que consideras incorrectas. Castigar a cada momento, olvidando que más que un castigo es una consecuencia de sus actos, es un lamentable error que todos los padres comentemos. Cuando les informamos con anticipación cuales serían las consecuencias de sus acciones o de la ruptura de los límites que como padres tenemos que aplicar, ellos analizan con más certeza cada paso o cada decisión.
  6. Analiza su forma de expresión. Las palabras que utiliza y el resentimiento o coraje que puede manifestar en contra suya o de los demás. Una actitud de víctima constante de las circunstancias es un foco rojo sumamente significativo.
  7. El diálogo constante y recordar una y otra vez que el tiempo que invirtamos en ellos será siempre la mejor inversión.

Todos en algún momento de nuestra vida tenemos momentos de locura y la adolescencia es una época propicia para tomar decisiones basadas en el miedo, la tristeza o la incertidumbre. Una época de transición en la cual, como su nombre lo dice, “adolece” de conocimientos o experiencia para sobrellevar los cambios emocionales que están a la orden del día en esa época. GQI-CesarLozano

* Cortesía de César Lozano La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.