No necesitas tener una bola de cristal, preguntar a los astros o consultar con un adivino. Basta con que conozcas los estudios realizados por los psicólogos y esposos John y Julie Gottman, quienes en 1986 reclutaron a un importante número de parejas, a las que siguieron durante 6 años, a fin de predecir quiénes permanecerían unidas y quiénes se separarían.

Al final de la investigación, compararon a las parejas que se mantenían felizmente unidas, -a las que llamaron “maestras”- con las parejas infelices que terminaron separándose -a quienes denominaron “desastres”-. El estudio descubrió que cuando se los entrevistaba sobre sus cónyuges, los “desastres” presentaban manifestaciones físicas de estrés emocional, tales como latidos del corazón acelerados, glándulas sudoríparas activas y flujo sanguíneo rápido. Se situaban en el modo de pelea-o-huida de forma constante.

Pero las parejas también fueron estudiadas en los momentos de menos estrés posible, como las vacaciones. En tal escenario relajante, aún cuando estuvieran echados en una silla reclinable leyendo, las parejas maestras permanecían conectadas compartiendo las lecturas que estaban realizando o pidiéndole al otro que le echara una mirada a una mariposa o pájaro exótico que se posaba delante de ellos. Estos requerimientos de interacción eran solicitudes de atención, conexión o apoyo conocidos como bids. En la etapa de seguimiento de 6 años, las parejas maestras prestaban atención a los bids en un 87% mientras que las “desastres” lo hacían sólo un 33% del tiempo, inclusive en vacaciones.

Observando este tipo de interacciones, Gottman llegó a predecir cuáles se quedarían unidas y cuáles se separarían con un 94% de efectividad. Las parejas maestras tenían un hábito mental muy valioso: se la pasaban escaneando el ambiente en busca de aspectos positivos que podían apreciar en su ser amado y por las cuales se sentían agradecidos. Ellos construían una cultura de respeto y aprecio a propósito. Mientras tanto, las parejas tipo desastre se la pasaban escaneando el ambiente a fin de descubrir los defectos de su cónyuge, lo que éste hacía o decía mal.

Los Gottman descubrieron que el factor número uno que destruye relaciones es el descontento. Quienes solamente se fijan en los defectos del cónyuge, descubriendo lo negativo inclusive en donde no lo hay, dejan de ver el 50% de las conductas positivas que otras personas sí logran percibir claramente.

Por el contrario, la amabilidad y la paciencia son tanto las virtudes más útiles a la hora de mantener la unidad amorosa como las cualidades que predicen una alta estabilidad y satisfacción en el matrimonio. La amabilidad no supone reprimir la ira, implica elegir cómo vamos a expresarla. Un camino contraproducente es el grito y el insulto. Un camino recomendable es la explicación calmada, honesta y respetuosa, que es precisamente el camino de la amabilidad. Quienes toman éste último gozan de relaciones amorosas mucho más felices y duraderas y con el tiempo llegan a ser “maestros” en el complejo pero fascinante arte de amar.

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.