Todos hemos experimentado alguna vez el dolor de una ruptura, de una decepción amorosa o por lo menos de algo que nuestro ser amado dijo o hizo que nos rompió el corazón. Al principio, uno no entiende qué de bueno puede salir de una situación como ésta, pero la verdad sea dicha: a mediano o largo plazos, las lecciones aprendidas, como resultado de tal sufrimiento, serán inmensamente poderosas.

1) Nos habremos vuelto más fuertes para confrontar la adversidad y salir adelante.

2) Tendremos mayor capacidad de empatizar con otras personas que padecen de un problema similar, lo que nos permitirá incluso ayudarlas en su momento de dolor.

3) Veremos con mayor claridad nuestros propios defectos y carencias, dado que el sufrimiento nos conduce a escudriñar nuestra alma.

4) Aprenderemos a ver al otro con ojos de compasión y perdón, porque ése es el único camino para vivir en paz con esa persona y con nosotros mismos.

5) Tendremos mayores posibilidades de lidiar mejor con situaciones similares en el futuro y no repetir los mismos errores.

6) Creceremos espiritualmente, porque no hay nada que purifique mejor el alma humana —limpiándola de mezquindades— que el sufrimiento.

7) Estaremos más cerca de Dios.

Nada pasa en vano en esta vida. Todo tiene un propósito. Aprendamos a mirar el lado positivo de los momentos negativos. Saltemos las vallas. No perdamos la esperanza. Después de cada tormenta, viene la calma. Después de la oscuridad, sale el sol cada mañana. Un nuevo año nos depara la opción de empezar de nuevo, la opción de volver a nacer.

“Ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada”. (Santiago 1:2-5)

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.