Todos tenemos esas rachas en que lo único que te queda por hacer es esperar. No te llaman después de las diez entrevistas de trabajo que tuviste. Se demora la promoción que tanto te habían prometido. No tienes noticias de ese potencial cliente que hace tanto vienes desarrollando. Tarda en llegar la aprobación del crédito o del contrato que te va a salvar el año.

La pregunta es ¿qué hacer mientras uno espera que se aliñen las proverbiales estrellas? ¿Cómo no desesperar? O peor aún, ¿cómo evitar que la ansiedad se adueñe de ti y te lleve a actuar de manera contraproducente? A insistir demasiado y que el cliente potencial decida que no serás un proveedor fácil de manejar. O que el entrevistador vea que no puedes lidiar con situaciones de estrés y decida contratar a otra persona para el cargo.

La verdad es que en situaciones de alta expectativa y donde se te juega tanto no es fácil separarse de los resultados. No es fácil hacer lo mejor posible y luego let it go como se dice en inglés. Dejar que las cosas sigan su rumbo natural. Para personas que ponen gran empeño, ilusión y pasión en lo que hacen suele ser complicado sacar el pie del acelerador y dejar que el auto continúe con su propio envión. Con frecuencia piensan que en el momento en que hagan eso, el auto dejará de andar y se quedarán atascados en la mitad del camino. Yo soy una de esas personas.

Por eso te cuento desde la experiencia personal, que hay momentos en que ya has hecho todo lo que puedes hacer y hacer algo más está simplemente de más. Es como tratar de llenar un vaso de agua que ya está lleno. Sólo conseguirás que el agua se derrame. O sea, desperdiciarás tu energía. Lo más recomendable en estos casos de espera en los que el resultado ya no depende de ti es lo siguiente:

  • Reconoce que has hecho todo lo que estaba en tus manos hacer.
  • Acepta que los tiempos y las prioridades de los demás no siempre coinciden con los tuyos. Y que a veces, aún cuando en algún momento esos tiempos coincidieran, hay muchos imponderables que pueden haber entrado en juego para cambiar las cosas para la otra parte.
  • Crea un calendario lógico de seguimiento. Es decir, fechas en que llamarás o escribirás un correo de seguimiento que respete parámetros normales. No agobies a la otra parte.
  • Ocúpate. Sí, ocúpate de otra cosa importante, ten tu mente enfocada en otro proyecto que te saque de tu actitud de espera. Algo que te apasione de tal manera que te haga sentir feliz más allá de si recibes la respuesta que deseas o no.
  • Declara para ti mismo que estarás bien sea cual sea el resultado que obtengas. Si has hecho todo lo que podías, te debes a ti mismo aceptar que a veces las cosas no salen como uno espera y que uno no tiene la culpa.

Y sobre todo recuerda que nada es tan importante. Aún cuando en este momento pienses que sí. Proyéctate cinco años hacia delante y mira la situación actual. ¿Ves como en realidad has podido vivir con o sin el resultado positivo que esperas hoy en día? Casi todo pierde el sentido de urgencia cuando lo miras con la perspectiva del tiempo. De pronto, eso sin lo cual creías que no podrías seguir, pasa a ser una de las tantas de oportunidades que te pone la vida en el camino.

GQI-MarielaDabbah

* Cortesía de Mariela Dabbah. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.