¡Mantén la calma! Aprende a detectar las actitudes que provocan molestias y contrarréstalas a tiempo.

Mis manos tiemblan un poco sobre el timón de un impecable y lujoso auto. Las emociones fluyen contradictorias y, más que alegría, siento que me invade la ansiedad. No todos los días puedes conducir uno así, y mucho menos hacerlo en la autopista más famosa del mundo: Autobahn, en Stuttgart, Alemania. Debes tener los nervios bien puestos porque aquí no hay restricción del límite de velocidad… Qué mejor lugar para manejar a toda velocidad y dejar atrás molestias, fastidios y enojos.

El pánico inicial se esfuma y, como si se tratara de una carrera hacia la sanidad, aumento cada vez más la velocidad. A medida que el velocímetro sube, y sin saber por qué, me siento un tanto molesta, agravada y desubicada. ¡Pensaba que era la dueña de la autopista!

De repente, el insistente beep, beep, beep de un pequeño Smart me saca de mis cavilaciones. Abro la ventanilla y escucho a la conductora gritarme: “quédate en tu carril”, mientras levanta su mano en el aire con una expresión incrédula.

De repente reacciono y me doy cuenta de que ella tiene razón. Estaba perdida en una turbia nube de enojo que no me permitía apreciar los divinos paisajes. Sentirse irritado es sin duda un sentimiento desagradable, pero, como todo sentimiento, tiene un propósito útil. Es como una alarma que te avisa que algo tiene que cambiar.

Identificar las razones por las que te irritas, ayuda a controlar tus emociones. La salud física y mental mejora. Con firmeza, me ubiqué en el carril correcto y respiré paz. Aquí enumero algunas de las razones más comunes, y consejos para contrarrestarlas.

  1. Sobrepasan tus límites. Alguien te hace una pregunta demasiado íntima, provocando que una fría sensación llamada fastidio se deslice por tu espalda. Es una alarma, un aviso que tu espacio personal ha sido violado. Sabes que para tu protección es importante establecer un límite y no permites que nadie lo sobrepase. Cuando eso suceda, ten tus respuestas listas y sin molestarte contesta: “prefiero hablar sobre tu vida”. Desvía la atención sobre ti y dedícasela a tu interlocutor, si es inteligente, comprenderá que no debe tocar el tema nuevamente.
  1. No valoran tu tiempo. El tiempo es un lujo y debemos saber protegerlo. Algunas personas pueden abusar de ti y pedirte constantemente que hagas algo que no puedes o no tienes tiempo para hacer, irritándote al máximo. Sentimos que no podemos apuntar una cosa más en la ya apretada agenda. Que nos soliciten más de lo que podemos dar es una señal de abuso. Recuerda que es nuestro derecho poder decir: “no, gracias”. Es justo decidir qué hacer y con quién compartir tu tiempo. Sé selectivo y cuida tu mayor tesoro.
  1. Eres demasiado perfeccionista. No puedes evitar sentirte molesto cuando no vives a la altura de tus exigentes normas. Estás perdiendo tiempo y energía. La verdad es que la perfección es una ilusión creada por ti, y tú controlas los estándares. Así que sé más gentil contigo mismo.
  1. Guardas resentimiento. Estar molesto o resentido con alguien es como tomar veneno en espera de que otra persona muera. Recuerda que cuando eliges perdonar, te quitas un peso de encima. ¿Quizás piensas que estás haciendo más trabajo que los demás? Nadie puede adivinar cómo te sientes si no lo manifiestas. Así que, en lugar de quejarte, exprésate y di lo que necesitas.
  1. No ves más opciones. Cuando estás indeciso, te sientes paralizado, furioso y atrapado. Estas crisis a menudo son la base de la creatividad, así que convierte el momento en una oportunidad. Cuando piensas que no hay otra opción, te bloqueas y, en efecto, no la encontrarás. Así que opta por reorganizar tu plan. Sé práctico y elimina lo que no funciona. Explora nuevas posibilidades y encontrarás soluciones.

* Cortesía de Jackie Smith La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.