“Perdónate bien, quiérete mejor y toma las riendas de tu vida” constituyen claves para la felicidad, según recoge un libro que acaba de publicarse en España. Estoy totalmente de acuerdo con dicha aseveración. Las tres afirmaciones resumen un punto de vista en el que creo, porque han estado presentes en mi vida y porque observo cómo inciden en los demás.

El libro “Las tres claves de la felicidad”, de la psicóloga María Jesús Álava, muestra los resultados de un interesante estudio: la mayoría de los encuestados (45,6%) dice que lo más importante para la felicidad es “quererse a uno mismo”.

Hace algún tiempo, daba la impresión de que no teníamos muy claro lo de querernos. O que, por lo menos, no lo admitíamos en público, quizás porque estaba mal visto centrar la cuestión en nosotros mismos. Me gustaría aclarar que dicha posición no retrata una visión individualista, sino la necesidad de ordenar nuestra casa, para después crear caminos, autopistas y todo cuanto nos propongamos en las relaciones interpersonales.

Según el catecismo de la Iglesia Católica, los Diez Mandamientos se resumen en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Tal idea es recurrente en las prioridades de muchos: “después de Dios, nosotros”, “como a ti mismo”, “amarnos bien para amar mejor”.

Los cabalistas, por su parte, dicen que la idea de “amar al prójimo como a ti mismo” no se refiere al trato con los demás. Significa, según ellos, “tratar el alma, la parte eterna, la fuente del hombre”. Creen que si lo practicamos así, “desaparecerán todos los problemas, dolores y sufrimientos del mundo”.

Más allá de las diversas interpretaciones sobre la cantidad de amor que debemos profesarnos, es evidente que los seres humanos ahora entendemos mejor tales beneficios. Hay densos análisis sobre el tema, pero también otros más terrenales. Por ejemplo, si viajamos en avión, siempre nos advierten: “En caso de despresurización, colóquese primero su máscara de oxígeno, antes de ayudar a los demás”. Tan simple como eso.

Pero, mucho cuidado. Inflarnos de amor propio, sin reciprocar las bendiciones recibidas, sería una pésima decisión. Porque amarnos es solo un primer paso. Y si generosamente no damos el segundo —hacer el bien sin esperar nada a cambio, amar y practicar el poder de dar—, terminaremos convertidos en jinetes del egoísmo y en profetas del sálvese quién pueda.

La segunda clave de la felicidad, según la encuesta de la psicóloga Álava, es “sentirse querido” por otras personas (17,2%) y, la tercera, “tener el control” sobre nuestra vida (17%).

Solo el 2% de los encuestados, según la prensa española, cree que, para ser felices, lo fundamental es “saber perdonarse”. Otro tabú, sin dudas, que merece un análisis aparte.

Foto:  Mario del Río