¿Por qué cada vez hay menos velas en las tortas? ¿Por qué los cumpleaños han empezado a ser una tragedia? ¿Quién inventó que a una mujer no se le puede preguntar la edad?

POR PILAR SORDO

@PilarSordo1

En esta columna, más que frases, quiero plantear las preguntas que inspiraron mi libro No quiero envejecer. Esta investigación duró cuatro años y cubrió toda Hispanoamérica, con personas de entre 25 y 95 años de edad.

Las cosas que empezaron a hacer ruido fueron, por ejemplo: ¿Debemos agradecer si nos dicen que parecemos más jóvenes? ¿Por qué cada vez hay menos velas en las tortas? ¿Por qué hay ancianos que prefieren ser llamados por su nombre, porque la palabra abuelo los hace sentir más viejos? ¿Por qué los cumpleaños han empezado a ser una tragedia? ¿Quién inventó que a una mujer no se le puede preguntar la edad?

Tras estas preguntas hay un sentimiento de muy poco agradecimiento por estar vivos. Y, sobre todo, recorre nuestro inconsciente un sentimiento depresivo, que hace que el paso de los años sea visto como la pérdida de todo. Quizás una de las cosas más complejas de la investigación fue definir qué se entiende por viejo o vieja hoy. Al final aparecieron ciertos criterios que quiero de compartir…

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