Por CECILIA ALEGRÍA, La Dra. Amor

Uno de los sinsabores más grandes que una pareja puede tener es un conflicto no resuelto que duele, que deprime el alma y que nos desconecta y aleja del otro. Pero los conflictos en sí mismos no tendrían por qué destruir la relación.

Hay dos clases de conflicto de pareja: destructivo o saludable. El conflicto saludable es la antesala de mayor y más profunda intimidad. Puede facilitar la comunicación, el entendimiento, la confianza y el respecto mutuo. Esto sucede cuando la pareja decide manejar sus diferencias y sus desacuerdos de manera constructiva. A través del conflicto saludable podemos descubrir las necesidades y emociones más importantes de nuestra pareja. Podemos averiguar lo que la hace sufrir, lo que la hace experimentar miedo, lo que la hace molestarse, lo que la hace llorar.

Lo primero que tenemos que hacer para que nuestra discusión sea saludable, es abrir nuestro corazón al otro. Cuando estamos frustrados, heridos o molestos, el corazón se nos cierra. Y cuando el corazón se cierra, somos proclives a reaccionar de forma poco amorosa, con ira, resentimiento o amargura, defendiéndonos con garras del supuesto “ataque” del otro. El corazón cerrado es el que nos impide tener una conversación compasiva en medio de un desacuerdo. Entonces, dado que queremos cambiar la dinámica de nuestra relación, ¿cómo nos movemos de un conflicto perjudicial a uno saludable?

Disminuyendo, sobre todo y ante todo, nuestra tendencia a sentirnos ofendidos. Aprendamos a soportar mejor —no solamente a nuestro ser amado, sino también las diversas circunstancias ingratas de nuestra relación—, disminuyendo nuestra irritabilidad ante las ofensas. Aún más, la meta sería llegar a considerar que lo que acabamos de escuchar no es una ofensa y que nuestro ser amado no tiene la intención de herirnos.

CUATRO PASOS PARA ABRIR EL CORAZON Y RESOLVER CONFLICTOS

1) Decida detener la escalada del conflicto. Pídale al otro parar para distanciarse físicamente hasta que las emociones de ambos estén controladas. Dígale a su pareja que va a volver a conversar con ella cuando los corazones de ambos estén otra vez abiertos y predispuestos a un diálogo constructivo.

2) Trate de entender lo que está sintiendo y dese cuenta de cuántas de esas emociones se basan en una distorsión de la realidad: lo que usted siente no es lo que está pasando. Lo más probable es que usted esté suponiendo lo peor de su ser amado, adjudicándole malas intenciones, cuando en realidad la otra persona no quería herirlo(a) premeditadamente.

3) Cuando esté listo(a), converse con su pareja madura y civilizadamente, con compasión en sus ojos y en su corazón. Si no llegan a un acuerdo, respeten que tienen opiniones y modos de percibir y ver la situación diferentes y que ninguno tiene más razón que el otro.

4) Decidan terminar la discusión con un abrazo. Pídanse perdón, de ser necesario, por haber herido sin querer al otro y díganse las palabras mágicas que abren cualquier corazón: “Te amo, mi amor”.

@ladoctoraamor

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.