La  radio y la televisión han sido los protagonistas básicos en mi carrera como comunicador, sin embargo, no le resto importancia a los medios impresos, todo lo contrario. El hecho de que haya publicado mi primer libro, “El Poder de Escuchar”, y que ya trabaje en el segundo, dice mucho del respeto que siento por la palabra escrita y de la satisfacción que invade mi espíritu cuando me adentro en la lectura.

Como comunicador, considero la lectura como lo que verdaderamente es, un diálogo entre el autor, a través de sus personajes y narraciones, y el lector. La única diferencia de esta plática con una conversación formal entre dos o más personas, estriba en que no hay necesidad de convertir en palabras el pensamiento: todo queda en silencio en nuestro interior, los puntos de vistas yacen en la más pura intimidad, nada importan la dicción o el timbre de la voz, solo la razón.

“Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, ha dicho el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. ¡Cuánta sabiduría la del escritor peruano! Es lo más importante por muchas razones, pero, entre ellas, resalto una especial: cuando aprendemos a leer nos adueñamos de la manera más sublime de saber escuchar.

Cuando leemos, razonamos las propuestas del autor; aunque en silencio, preguntamos unas veces, y otras respondemos, nos emocionamos; por momentos, es posible que perdamos la ecuanimidad y hasta que nos enojemos. La lectura arrastra un sinfín de emociones diferentes, casi siempre mucho más intensas que las que puede acarrear cualquier plática rutinaria. Saber leer es saber escuchar y razonar en serio. Es la posibilidad de sacarle provecho a cada palabra, a cada intención.

Nada más parecido al cierre de una conversación provechosa que la culminación de una buena lectura. Por eso reafirmo: ¡Leer es escuchar! Escuchar desde lo más profundo del espíritu, palabras que no suenan, pero que mantienen su carga de significado. Un buen texto y nuestros pensamientos no requieren de decibeles de potencia, son silenciosos por naturaleza, pero dicen mucho. Por eso son nuestros mayores y más confiables compañeros. ¡No hay mejor aliado que un buen libro! ¡No hay mejor confidente que el pensamiento!

Cuando leemos se nos ensancha el intelecto, se dispara la imaginación y se allana el camino hacia el crecimiento personal. La lectura forja sueños y es un surtidor de argumentos a la hora de luchar por convertir los sueños en realidad. Leer ayuda a vivir y evade la monotonía que, a pesar de los adelantos, muchas veces consume a la vida moderna.

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Así se expresó otro gran escritor latinoamericano, el argentino Jorge Luis Borges. Genios como Borges y Vargas Llosa, puntales de las letras, alaban la lectura por una sencilla razón: es la clave para que te lean y, por supuesto, para que te escuchen.