“… Se hace camino al andar y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Así se refiere al pasado el gran poeta español, Antonio Machado. Una manera muy hermosa de hacerlo y también de ponernos a pensar.

¿Vale la pena volver la vista atrás? ¿Vale la pena, en medio de la lucha por conquistar el futuro, volver y mirar al pasado?

Sí; vale la pena, y existen dos razones esenciales para hacerlo: no repetir errores y retomar todo lo positivo. Tengamos presentes que la experiencia se alimenta del pasado y es un elemento básico a la hora de luchar por el éxito.

Mirar atrás, con prudencia, nos permite valorar los resultados de empeños anteriores, nos posibilita un análisis de la manera en que actuamos y de las consecuencias que provocaron esas acciones, tanto positivas como negativas.

La suma de todas esas valoraciones, engrosan el arsenal de ideas con el que estamos dispuestos a comenzar la lucha por nuevos y mayores sueños.

Pero, seamos cuidadosos: sí, es de sabios mirar atrás, es de ignorantes querer volver atrás. Son dos cosas totalmente diferentes, la primera es hermosa y necesaria; la segunda es inútil y aberrada.

Si algo es inútil en la vida es vivir aferrado al pasado. Por eso dije antes que “al volver la vista atrás” tenemos que hacerlo con prudencia, pues corremos el riesgo de quedar atrapados en las redes de la añoranza.

Atarnos al pasado le resta importancia al presente y pone en riesgo el futuro. No podemos aguardar nada positivo con esquemas y soluciones de antaño. Los problemas del momento requieren soluciones del momento.
Algunos no hacen otra cosa que pensar en el ayer. Se lamentan y solo se les escucha decir: “si pudiera, lo haría de otra forma”.

Hágalo de otra forma, está muy bien, pero tiene que ser en el presente. ¡Imposible hacerlo en el pasado! El pasado es “la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Siempre hay tiempo para rectificar cuando se tiene conciencia de los errores. Rectificar significa crecer como seres humanos. Cuando en el presente subsanamos un error del pasado, dejamos de ser los mismos. ¡Ya somos mejores!

Dijo William Shakespeare que “el pasado es un prólogo”. Un prólogo nos suele ofrecer las claves para la interpretación de la obra que vamos a leer, el pasado ofrece una idea correcta de lo que somos en el presente y nos da la clave para tratar de lograr lo que queremos ser en el futuro.

Con la cabeza y los pies bien firmes en el presente ,y con nuestros anhelos acechando siempre el futuro, repito, sí debemos mirar al pasado. Es provechoso hacerlo.

Entonces, bienvenidos sean, por bellos y profundos, los versos citados de Antonio Machado.