Uno no se avejenta por la edad. Con el tiempo sí, hay que admitirlo, algunas cosas ya no funcionan como antes, pero las personas se avejentan, primero, por un asunto de actitud y luego por la tristeza.

He visto a personas volverse “viejas” de la noche a la mañana, literalmente, ante un sufrimiento, una pérdida, un dolor; pero también cómo se avejentan por dentro primero, para simplemente proyectar la vejez hacia fuera cuando dejan de tener sueños.

 Y es que los sueños son los que nos mantienen vivos y nos dan esa energía primaria.

Una persona sin sueños y sin esperanzas se va muriendo de a poco, una persona sin metas deja de sonreír, de sentirse vivo, de entender el valor de las pequeñas cosas. Comenzamos a morir cuando los sueños se nos van por la ventana. Sin sueños y sin esperanzas es difícil continuar.

¿Se puede estar triste? Sí, por supuesto, es parte de nuestra naturaleza humana, pero no esté triste más tiempo de lo que realmente necesita.

Hace muchos años, mis queridos monjes tibetanos me decían: “Se permite estar triste tres días. Al tercer día, levántese, lávese la cara, abra los brazos y salga que la vida lo está esperando”.

Le propongo que establezca metas a corto plazo, que se puedan hacer tangibles en su vida pronto. Le propongo creer en usted y creer en lo que hace. Sus sueños se harán posibles solo si usted cree en ellos y en usted. Haga cosas que le generen satisfacción, al menos una vez por semana: tome café con un amigo, tenga de compañero a un buen libro.

Trate de hacer ejercicio, de cualquier tipo. Ejercite también su mente y su espíritu. Somos cuerpo, mente y espíritu. Crea en algo más allá que usted mismo. No importa cómo le llame, crea en ello, crea que la vida lo sostiene con amor. Crea que lo que da, la vida se encargará de devolvérselo. Crea en hacer el bien, no importa si le agradecen o no.

Esta vida es demasiado pequeña para vivirla triste y desanimado. ¡Vamos! ¡Anímese a soñar! Los sueños nos alimentan, nos llenan de luz, afecto, carcajadas y brillo en los ojos. Mientras existan sueños, existirá la vida.

Por supuesto, en algún momento sentimos que los años nos empiezan a dar sus primeras señales, pero hasta esas señales son un verdadero milagro. Quieren decir que estamos vivo, que hemos vivido.

Cuando se sienta un poco decaído, recuerde que allá afuera hay millones de sueños que están esperando porque usted los “adopte”, les dé forma y los lleve a cabo. Todos son diferentes. Hay grandes y pequeños, pero necesitamos constancia y fe para materializarlos. ¡Mucho polvo de estrellas!

* Este artículo se publica por cortesía de la Casa del Ángel, Costa Rica. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.