La verdadera prosperidad (de cosas materiales y no materiales) se inicia cuando uno es fiel a uno mismo, cuando sigue un camino, cueste lo que cueste.

Cuando uno sigue el Dharma, palabra en sánscrito que quiere decir «propósito en la vida», entonces no importan los inconvenientes. Siempre vamos a estar de una u otra manera ahí, luchando, porque no hay otra forma ni otro lugar ni otra cosa que podamos hacer mejor.

Pero, cuidado. No crea que cuando uno está en Dharma todo es color de rosa. Normalmente si nuestro propósito implica llevar luz a otros, que Dios y los ángeles nos amparen, pues vamos a tener todas las pruebas por las que un ser humano pueda ser capaz de atravesar.

¿Y entonces por qué alguien va a tener tantos obstáculos? La Tierra es materia y no solo los seres humanos vivimos aquí. También conviven «los de enfrente», seres que combaten constantemente cualquier nacimiento de luz por pequeño que sea.

Entre más luz dé usted a este mundo, más manifestaciones de «los de enfrente» va a tener, porque de alguna manera usted está en su territorio y por lo tanto ellos tienen fuerza aquí. De ahí que la palabra Dharma también signifique «protección», porque si va a generar luz, le aseguro que la va a necesitar.

Sin embargo, tal vez lo más rescatable es que si estamos convencidos de que lo que elegimos hacer es irremediablemente para lo que nacimos, entonces solo preparémonos. ¿Cómo? Con confianza, con amor, manteniendo nuestro corazón limpio, pero sobre todo escuchando cuando Dios nos habla.

Dios, su Dios, mi Dios nos habla siempre al oído a través de nuestro Ángel de la Guarda, pero a veces nos habla claro, directo y alto. Es ahí cuando simplemente tenemos que rendirnos y decirle que sí, no importa si estamos de acuerdo con lo que nos está pidiendo, porque en este punto nuestra opinión ya no importa. Cuando Dios nos pide algo, nos va a dar todas las herramientas para llevarlo a cabo, pero vamos a necesitar mucho coraje.

Cuando Dios nos llame, no importa si es sacerdote, monja, ingeniera, abogado, administradora, maestro o astronauta, le aseguro que es ahí donde Dios necesita que usted esté, llevando a cabo su labor.

Cuando comprendemos esto, podemos simplemente tratar de ser mejores personas. Pero, sobre todo, dar más amor a todo aquel que lo necesite, pues el amor es lo único con lo que nos conectamos con la creación, con Dios, con el Universo. El amor es lo único que «los de enfrente» no nos pueden quitar.

* Cortesía de la Casa del Ángel, Costa Rica. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.