A nadie le suena extraño. ¿Quién no sabe que el sexo se vende como pan caliente en todos los envases, modalidades y medios habidos y por haber hoy en día? ¿Pero en una caja? ¿Cómo? Te doy algunas pistas: No es una caja de video, DVD o CD… No estamos hablando tampoco de juguetes sexuales, ni de la gigantesca oferta de sexo en televisión, cine o internet. Estoy hablando, específicamente, de un show de la televisión americana titulado “Sex Box”, que es el non plus ultra del exhibicionismo para las masas, sin la menor censura ni pudor.

Se trata de un programa que se transmite por cable, donde parejas comunes y corrientes tienen sexo dentro de una caja, en frente del equipo técnico y del público en el estudio, con la finalidad de recibir —luego de terminado el acto— el consejo de especialistas que supuestamente los ayudarán a mejorar su vida sexual. La pareja hace el amor dentro de una cámara insonorizada que semeja una caja —y que brinda la ilusión de aislamiento—, pero sabiendo que al otro lado hay una audiencia en el estudio y otra masiva por televisión.

¿Adónde hemos llegado con los “reality shows”? ¿Es esto moralmente aceptable? Tal programa de “sexo en vivo” no solamente promueve el exhibicionismo sexual, sino también el voyerismo, una conducta, que puede llegar a ser parafílica, caracterizada por la contemplación de personas desnudas o realizando algún tipo de actividad sexual con el objeto de conseguir la excitación. Y habría que preguntarse qué diferencia existe entre esas imágenes y las pornográficas que el medio televisivo sí sabe censurar. Los productores del show “Sex Box” han logrado burlar a la censura con el pretexto de un supuesto contenido terapéutico.

Quienes vemos a parejas llegar a la consulta con problemas tales como ansiedad producida por el inadecuado desempeño sexual, sabemos que nada podría resultar menos terapéutico para ellos que exhibirse haciendo el amor en público. ¿Quién en su sano juicio puede participar relajadamente en un acto sexual mientras está siendo visto —y evaluado— por miles de personas? ¿Qué mujer con cierta dosis de dignidad no se sentiría decepcionada de un hombre capaz de exponer su vida íntima con ella ante miles de espectadores a cambio de dinero? (Porque lo único que puede explicar que haya gente que participe en esto es que sean bien pagados por su audacia).

La intimidad es consustancial al sexo. La intimidad conlleva privacidad. Si el sexo no es un acto privado, deja de ser una expresión de entrega mutua para convertirse en un objeto de consumo colectivo. Y al caer en esto último se desnaturaliza. Pierde su esencia. Pierde su poder transformador para convertirse en degenerador. Pierde el valor para el que fue creado. ¿No te parece?

GQI-CeciliaAlegria

* Cortesía de Cecilia Alegría, La Doctora Amor. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.