Esta frase la leí esta semana y me dejó meditando por mucho tiempo. Los índices de divorcio cada año van a la alta. De cada 3 matrimonios, uno termina en separación. A esta cifra habría que agregar a quienes viven en el mismo techo y peleados constantemente. En las noticias ya no es sorpresa ver los estragos de la violencia familiar y sus graves repercusiones en la sociedad.

Olvidamos que el amor se basa en la confianza, en el compromiso y en los detalles que hacen que la relación se fortalezca al paso del tiempo. El común denominador de quienes delinquen es la desintegración familiar es el abandono, la agresión, la indiferencia que impera generalmente en ese hogar.

Por supuesto que amar no es fácil porque requiere tiempo, comprensión, tolerancia y sobre todo estar dispuesto a escuchar.

Hoy comparto contigo los significados de mi interpretación de amar mal:

  1. Caigo en el error de creer que, porque me quieres, tienes que hacer las cosas como yo digo, y si no es así, es que no me quieres lo suficiente.
  2. Las diferencias con la pareja (que son normales) se convierten en pleitos donde lo que busco es ganar, a costa de destruir tus argumentos. No se promueve el diálogo, se discute. Tengo una mentalidad “cuadrada”, donde no estoy dispuesto a ceder. Si no me salgo con la mía, te castigo con mi silencio, que estoy seguro puede ser más doloroso que mis palabras. Y para fortalecer esta postura, en cuanta oportunidad tengo, expreso frases castrantes como: “yo nunca…”, “yo siempre…”, “jamás permitiría”…, “ya me conoces como soy y no puedo cambiar…”. Los absolutos en una relación causan daño, y más porque todos somos seres cambiantes. Nuestra piel y órganos se están regenerando a cada momento y nuestra personalidad se sigue moldeando al paso del tiempo.
  3. Evito hablar de mis problemas aún y que me los notas desde que me ves. Cuando es mucha tu insistencia por saber qué es lo que me pasa, mi respuesta se convierte habitual: es un raquítico “no me pasa nada”. Destruimos de esta forma la comunicación que debería de ser lo más importante en esos momentos. La mente de nuestra pareja puede ir a revoluciones insospechadas y las suposiciones causan más sufrimiento que las verdades. Entiendo que genéticamente somos diferentes y que los hombres tenemos genes de protector y cazador. Que nuestra constitución mental está diseñada más para ser prácticos que emotivos. Que la mujer necesita más palabras de afirmación que nosotros los hombres, pero todo lo anterior no debería de ser un obstáculo para expresar lo que sentimos. –“Ha cambiado tanto…”. Esa afirmación la escucho una y otra vez en forma de lamento y es precisamente la poca expresividad la que más fomenta que se diga. Por supuesto que somos seres cambiantes, pero es saludable no olvidar que la relación se alimenta principalmente con palabras y sentimientos.
  4. Utilizo verbal o mentalmente frases que intenten justificar cualquier falla que pudiera tener en mi relación de pareja. “Tengo derecho a divertirme”, “¿por qué va a ser esto malo? Todo el mundo lo hace”, “no me comprende y por eso busco la forma de ser comprendido”, olvidando que mucha de la incomprensión que se ha manifestado es precisamente por los puntos anteriores.
  5. No tengo miramientos para juzgar duramente a tu familia por lo mal que hacen las cosas. Despotrico en contra de tu madre, padre y hermanos por sus actitudes, que considero totalmente fuera de lugar. Juzgo ferozmente a tus amigas o amigos, e incluso no falta quien busca a toda costa evitar que la relación continúe. Hablando de la familia, mi madre me dijo en una ocasión: “Elige muy bien con quien quieres compartir tu vida porque es una de las decisiones más importantes (si no es que la más importante) de tu vida. De esa elección dependerá en gran medida tu nivel de felicidad”. Claro que nuestra felicidad no puede depender de otra persona, que el mito de la media naranja nos hace creer que estamos incompletos. Por eso yo siempre he dicho que deberíamos ser “naranjas completas”, que buscan a otra naranja también completa. Nos casamos con la persona que elegimos para esto, pero también nos casamos con su familia; y si por algún motivo buscamos la lejanía de los seres que ella o él ama, nos lo recordará constantemente con su dolor acumulado o su indiferencia.

“Si amar fuera fácil, no habría tanta gente amando mal”. Desconozco el autor de esa frase pero estoy seguro de que fue alguien que entendió, a costa de caídas, que el amor es decidir y no solamente sentir. Creer que si ya no siento lo mismo que hace años significa que ya no hay amor, es el peor error en una pareja.

Amemos con hechos, palabras y emociones, porque al paso del tiempo seremos juzgados precisamente en base a la calidad y cantidad de amor que dimos. Buen momento para recordar que al paso del tiempo olvidamos lo que nos dicen, lo que nunca olvidamos es como nos hicieron sentir. ¡Ánimo!

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.