Se ha hecho una gran cantidad de encuestas a diferentes tipos de personas sobre qué es lo que más les molesta en la vida y,entre las primeras respuestas, siempre aparecía el “que me mientan”.

Y estoy segura que a todos nos revienta que alguien nos mienta, ¿cierto?  Es una de esas sensaciones donde se te revuelve el estómago y te deja furioso ¡yo lo he sentido!

Pero analizando y buceando un poco en cómo funcionamos me he topado con que los más mentirosos de todos los tiempos ¡somos nosotros! ¿saben a quién le mentimos más? ¡A nosotros!  Suena absurdo pero déjenme explicar.

Si creemos en algo, se vuelve nuestra verdad, ¿cierto? Y si creemos en una mentira, también se volverá nuestra verdad, aunque sea una mentira ¿cierto? Constantemente nos decimos y nos contamos historias que no son verdad y solo nos hacen daño: “seguramente le caigo mal” “me dejó porque está con alguien mejor que yo” y muchas mentiras más.

Las principales mentiras las generamos en nuestra mente y son ese diálogo interno que no nos lleva a ningún lado más que a sufrir por determinada situación.

Una amiga me llamó muy preocupada porque le había pedido prestado un vestido a su mamá y ella le dijo: si, con gusto. Pero cuidado y le pasa algo porque arruinarías la fiesta que tengo el próximo fin de semana. ¿Será que un vestido tiene el poder de arruinar una fiesta entera? O será que la mamá de mi amiga se está diciendo esa mentira, que ella se la cree, ¡claro! Pero si hubiésemos podido cuestionar a esta dama y preguntarle: ¿es cierto eso? ¿Se arruinaría la fiesta si algo le pasa a ese vestido? ¿No podrías conseguir otro? Quién se la pasa bien en la fiesta: ¿tú o el vestido? ¿Dejas en manos de un vestido tu capacidad de disfrutar algo?

Una gran empresaria me compartía: Estaba segura que no me daban el puesto porque era mujer, veía cómo desfilaban nuevas caras en el puesto, veía cómo subían compañeros que estaban incluso debajo de mí. Estaba segura que el gerente general tenía algo muy grande en contra mía, aseguraba que era un resentido contra las mujeres y que no quería que yo llegara a ese puesto porque le representaba una competencia. Tuti, creí en esa historia (que yo sola me hice) ¡por 3 años! Hasta que un día, harta de que no me tomaran en cuenta para el puesto, me acerqué muy a la defensiva y armándome de valor le pregunté: ¿qué tiene en contra de mí? ¿Acaso no califico para el puesto que no me toma en cuenta? ¿Es porque soy mujer? A lo que él, muy sorprendido pero tranquilo me respondió: no la había tomado en cuenta porque nunca me dijo que le interesaba el puesto, nunca se tomó el tiempo de dejarme saber su interés de crecimiento en la empresa. Ahora que ya lo sé, me da una gran alegría porque desde hace 3 años ¡usted estaba lista para tomarlo! Ahora está incluso ¡por encima de ese jefe!

Amigos, esta es una de las grandes mentiras que nos decimos y nos creemos: ¡creemos que sabemos exactamente qué piensan y sienten los demás! Creemos la mentira de que sabemos exactamente qué están haciendo (sin siquiera verlos!) Nos tragamos el cuento de que sabemos exactamente las intenciones con las que actúan y deciden ¡y todo eso no es más que una gran mentira!

Es completamente normal que, como seres humanos, necesitemos cerrar círculos. Tener toda la información completa de algo que, según nosotros está incompleto. Es decir: ¿no sé por qué actuaste así? ¿Por qué no me llamaste hoy? ¿Por qué no me invitaste? ¡Entonces me lo invento! Así funciona nuestro cerebro. Necesita completar información y si no la conoce se la inventa y busca “pruebas” según el, que dan sentido y completan la información (aunque no tenga nada que ver). Pero realmente en todos estos casos, un “no sé” como respuesta es mucho más sano y real que el montón de historias que inventamos y que nos llevan a sufrir.

Esto es solamente para tomar conciencia de esa gran cantidad de historias que en nuestra mente se crean y que se seguirán creando, seguramente, pero que ya depende de nosotros si las creemos o si nos damos cuenta que podrían ser mentiras.

¿Cómo detectar esas mentiras? Nos causan malestar, nos causan enojo, tristeza, frustración… y si logramos en un momento de estos detener el tren de nuestros pensamientos para cuestionarlos ,nos encontraremos de frente con una gran mentira con la que estamos jugando a engañarnos y dañarnos.

Pregúntate si eso que te estás diciendo es cierto. Si estás absolutamente seguro que eso es cierto, palabra por palabra (solemos castigarnos muy fuerte), sería genial que poco a poco dejáramos de creer en esos pensamientos limitantes que no nos permiten ir más allá de donde nosotros hemos instalado esas mentiras que nos impiden ser todo eso para lo que estamos llamados a ser.

Estas mentiras dañan en la medida en que las creamos ¡No más mentiras!

GQI-TutiFurlan

* Cortesía de Iniciativa T. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.