Un bebé de apenas día y medio de nacido ya puede ofrecerle una sonrisa a sus padres. Puede parecer que a esa temprana edad ya es consciente de que reír es la mejor manera de agradecerle a Dios su llegada a este mundo y de que es la fórmula más eficaz para que la vida también le sonría.

Por supuesto que el bebé no es consecuente con sus actos. Lo que sucede es que reír es algo tan natural, que hasta un ser humano acabado de llegar a este mundo tiene la posibilidad de hacerlo. ¡Reír es muy fácil! Es un privilegio otorgado por Dios, disfrutemos y hagamos disfrutar a los demás de ese privilegio.

Es beneficioso tanto para nuestra salud física como mental, sin importar la edad. Incrementa la autoestima, aleja la depresión y el desanimo; nos libera de energías negativas que muchas veces desembocan en el peor de los pesimismos, nos alivia posibles sufrimientos y, según muestran muchos estudios, hasta combate el estrés.

La sonrisa es patrimonio único de los seres humanos, por eso repito que es una libertad que El Creador nos ha otorgado. ¡Aprovechemos ese regalo divino, riamos! Tengamos en cuenta que es el más universal de los lenguajes: todos, sin importar el idioma que hablamos, comprendemos una sonrisa sincera porque es, según el Dalai Lama, la expresión perfecta del amor y la compasión humana.

No importa el sexo ni la raza ni si somos feos o bonitos, la sonrisa es el más eficaz y el más económico de los maquillajes. Nos hace sociables, permite que exterioricemos la paz y la felicidad de nuestra alma y la compartamos con los demás, a la vez que los demás tienen también la posibilidad de compartirlas con nosotros.

A quienes les cuesta trabajo reír viven a merced del pesimismo, lloran por lo que ya pasó en vez de alegrarse por toda la vida que les queda por delante; se les ve cabizbajos, pensativos, poco comunicativos, hacen derroche de energías negativas. Por suerte esta manera de ser no es contagiosa, mientras que la risa sí lo es. ¡Lo es mucho!

Nada satisface más que la sonrisa de un semejante, aunque no sepamos quién es. Cuando observamos a alguien con una expresión de alegría en su rostro, enseguida nos alegramos también y, al menos por algunos momentos, nuestra mente descansa de los problemas que puedan estar acosándola. La sonrisa es el mejor acompañante en el camino de la vida.

Sin embargo, no reímos todo lo que debemos porque, contradictoriamente, muchas veces, desde que somos pequeños, comienzan a inculcarnos que para triunfar en la vida y para que los demás nos respeten, tenemos que ser personas serias. El nivel de responsabilidad y de seriedad en los deberes diarios, no entran en contradicción con nuestra disposición a sonreír y a mantener un semblante alegre y relajado, todo lo contrario.

No quiero decir que ahora salgamos para la calle soltando carcajadas a diestra y siniestra, pues nos pudieran tildar de locos con mucha razón; pero una buena carcajada de vez en cuando no viene mal. Una buena carcajada aumenta la ventilación en nuestro organismo y la sangre se oxigena, nos nutre de energía positiva y aumenta la producción de un grupo de hormonas necesarias para la sanación de nuestro cuerpo.

En la cultura oriental, la risa es aun más apreciada que en la occidental. Los budistas Zen, grandes especialistas en meditación profunda, tratan de iluminar su alma a través de una carcajada. Para ellos una carcajada es algo muy serio.

Hagamos nosotros también de la risa algo muy serio, porque, como nos dijo William Shakespeare, es más sencillo obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.