Verónica escuchó a los 12 años una de las peores palabras, más en el caso de un niño, cáncer. Le diagnosticaron un osteosarcoma con un pronóstico muy complicado. Entonces, gracias al doctor Mikel San Julián, de la Clínica Universitaria de Navarra, pudo evitar la amputación de su pierna.

Este trauma infantil se convirtió en su vocación para ser médico. Como cuenta en una entrevista al diario ABC, Verónica ahora es estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, donde la persona que le operó de niña ha sido su profesor.

Precisamente se está especializando en Cirugía Ortopédica y Traumatología en el mismo centro donde le ayudaron a curarse. Verónica ha sabido convertir su dolencia en una oportunidad.