Imagina que tienes el empleo soñado, con una oficina lujosa, un sueldo robusto, viajes frecuentes y beneficios fantásticos. Repentinamente, ese trabajo se vuelve añicos, el valor de tus acciones cae 97% y todos tus planes se esfuman gracias a una de las crisis financieras más grandes de la historia de EEUU.

En 2008, esto me sucedió. No estaba preparado para el vuelco que dio mi vida. Pensé que subiría por la escalera corporativa hasta alcanzar un cargo prestigioso y retirarme por la puerta grande. Lo confieso, me costó aceptar que esto no pasaría.

Casi 10 años después, agradezco que me haya sucedido. Si estás pasando por una situación similar, ante un abismo que parece casi insuperable, quiero compartir contigo tres lecciones que aprendí de mi historia que me ayudaron a salir adelante.

1. El camino seguro no garantiza un final feliz

En la universidad, mis amigos me llamaban el “Capitán Seguro”. Sin importar la situación, siempre iba por lo predecible, jamás tomaba riesgos. Supongo que viene por mi crianza, en la cual el sueño americano es el ideal que debemos lograr.

No soy el único al que le han movido los cimientos de un futuro que consideraba fijo. Miles de personas saben que el camino tradicional ya no está asegurado y decidieron salir de la zona de confort. Están tomando riesgos y diversificando su carrera para un portafolio financiero sólido.

A veces, los caminos menos recorridos esconden las mejores recompensas.

2. Toma las riendas de tu destino

Luego del mal trago, tomé una decisión simple, pero transformadora: nunca más dejaría mi carrera en manos de otras personas. Sería el dueño de mi carrera y de sus resultados.

Para ello, decidí ayudar a otras empresas a surgir, colaborando como Asesor o Inversionista, a cambio de una remuneración justa para ambas partes. Cambiar a un pensamiento asertivo no fue fácil, pero me ha permitido elegir negocios que me gusten y trabajar con equipos maravillosos.

Esto solo es posible cuando decides convertirte en el dueño de tus esfuerzos, fijarte metas claras y valorarte a ti mismo.

3. No te subestimes

Es normal pasar por un duelo tras la crisis. Pero debes tomar acción para sobreponerte y no dejarte arrastrar por el abatimiento.

Algo que me ayudó considerablemente, fue analizar los recursos que tenía disponibles para seguir adelante. Todos tenemos herramientas (tangibles e intangibles) valiosas para ofrecer a las personas y a los proyectos correctos. Tú también las tienes. La clave está en saber cómo aprovecharlas para hallar oportunidades sólidas que enriquezcan tu vida.

Gracias a mis recursos, he colaborado con más de 20 empresas, diversificando mi portafolio y creciendo profesionalmente. Cuando confías en lo que tienes y sabes ofrecerlo, se abrirá un mundo de posibilidades que no dudarás en aprovechar.

Recuperarme de la crisis fue un proceso largo y transformador que, junto a estos consejos, me convirtió en Emprendedor 10%. Tú también puedes hacerlo y retomar el camino hacia el éxito que mereces tener. Si quieres saber cómo lograrlo, visita mi sitio web.

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.