La mente nos pone trampas que difícilmente detectamos. Nos sentimos tristes por determinada situación y nos enfocamos en el problema que la genera.

No nos quieren como queremos…
No nos valoran como merecemos…
No me tratan como deseo, ni la vida me ha dado lo que tanto he pedido…

La peor parte de la tragedia que vivimos es no observar lo que sí tenemos. Nos enfrascamos en el dolor y no vemos lo mucho que se nos ha brindado. Por amor a tal persona, me olvido del amor que me tienen más personas. Por el dolor que representa no tener lo que tanto he deseado, me olvido de todo lo que sí tengo y nunca pedí.

Las comparaciones son odiosas, lo sabes. Pero en momentos de crisis son muy valiosas, porque identificas que la situación que padeces pudo haber estado peor. Analiza a fondo tu dolor, sus causas y lo que sí puedes hacer.

No te dejes sumergir por los pensamientos adicionales sin fundamento. Identifica a quién sí tienes, quién sí te quiere, las adversidades que anteriormente venciste y todas las bendiciones que se te han dado sin pedir.

La vida sigue y nunca olvides que el problema más grande es cómo reaccionamos a lo que nos pasa.

¡Ánimo!

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.