Por Dr. César Lozano

Por ese afán de avanzar en la vida, nos olvidamos de vivir. Por esa prisa constante que nos invade de querer abarcar mucho en poco tiempo, de quedar bien con todo el mundo, a pesar de nuestras limitaciones y de la incapacidad para decir un “no”, es necesario aceptar que frenar nuestro andar debería ser parte inherente de la vida.

Usando la comparación del “alto” que vemos en las esquinas de las calles, es necesario parar para permitir que otros avancen, evitando el ego desenfrenado de querer ser el primero en todo. “Primero yo, después yo, luego yo y si queda algo, yo”.

Creemos que frenar es sinónimo de estancamiento, mediocridad o pérdida de tiempo. En ciertas ocasiones, es saludable no hacer nada para frenar el ritmo acelerado con el que vivimos. Nada. Pero también es necesario frenar periódicamente nuestro andar, para reevaluar cómo llevamos la vida…

Descarga gratis la revista Cala 3.0 y lee el artículo completo

unaltonecesario