La vida me ha permitido compartir con personas a las que he admirado profundamente. Y en esa lista, Mario Kreutzberger aparece en letras doradas.
La vida necesita de modelos y paradigmas. Podemos ser mejores si conseguimos guiarnos por las buenas luces y vibraciones de tanta gente espiritualmente maravillosa.

En cada oficio o profesión, en las familias, en los centros de estudios o laborales, e incluso entre perfectos desconocidos, podemos hallar y seguir el hilo de la virtud.

Siempre he contado con maestros inspiradores que me han acompañado personal y profesionalmente. Han sido muchos y de muy diverso corte, pero a todos les estoy inmensamente agradecido. Mientras estuve en Cuba, el presentador de radio Franco Carbón fue el espejo en el que me miré durante muchos años. Y al abandonar la isla, ese horizonte se amplió notablemente.

En Cuba tuve escasísimas noticias sobre uno de mis maestros actuales, el famoso Larry King. Quizás alguna leve referencia entre fragmentos y spots, pero nada más. En 1998, cuando llegué a Canadá, lo descubrí en las noches de CNN, con sus característicos tirantes y su colorida forma de vestir. Sus invitados de lujo y la forma de entrevistarlos me causaron un gran impacto.

Pero, en esta edición de CALA 3.0, hago un aparte para homenajear a otro de mis maestros. Ya sabes de quién se trata, porque le hemos dedicado la portada: Don Francisco, mi apreciado Mario Kreutzberger.

A diferencia de Larry King, a Mario lo tuve más asequible en mi juventud. En ello ayudó el idioma y el gran mercado pirata en la Cuba subterránea. En los años 80, con los primeros aparatos de vídeo domésticos llegados a mi país, empezó a circular clandestinamente el programa “Sábado Gigante”. Era un éxito total. De la grisura de nuestra televisión a aquellas escenografías, colores y contenidos, había un trecho enorme. Don Francisco es hoy uno de los personajes más famosos en Cuba, sin haber tenido nunca un programa en la televisión local.

Con el paso de los años, la vida me ha permitido compartir con personas a las que he admirado desde siempre. Y en esa lista Mario Kreutzberger aparece con letras doradas. Ha sido una bendición conversar, estrechar su mano y agradecer su ayuda.

Su programa “Sábado Gigante” cierra un ciclo en la historia de la televisión, pero el gigante eterno —Mario Kreutzberger— sigue adelante reflejado en varias generaciones, en los beneficiados por esa gran obra de amor que es la Teletón, y en sus amigos, que le queremos infinitamente. 

* Este artículo aparece en la edición 17 de la revista “Cala 3.0”. La aplicación está disponible, gratis, para iPhone, iPad y Android. Y además puedes descargarla en pdf en tu computador.