Reza un dicho popular que el que mucho abarca poco aprieta. Al menos es muy popular en mi pueblo, allá en Cuba, y se refiere a quienes intentan consumar más de un propósito al mismo tiempo y, como resultado, no concluyen ninguno.

Sénecas, el gran filósofo romano, un par de siglos antes del nacimiento de Cristo, ya advirtió que cuando una persona intenta hacer varias cosas a la vez, termina sin completar ninguna.

¡Se es buen pelotero o buen basquetbolista! Así sucede en todas las esferas de la vida, incluyendo en los sueños. ¡Se lucha por uno o por otro, nunca por dos a la vez!

Recuerdo la fatal experiencia de Michael Jordan, para la mayoría el jugador de baloncesto más grande de todos los tiempos, quien una vez pretendió jugar béisbol. Jordan quiso ser grande en dos deportes de altísimo nivel, pero no lo logró. Entonces volvió al baloncesto. Recuerdo su frase “I’m back” (he vuelto). Él brilló hasta el último momento de su carrera, pero ya con el sabor amargo de un fracaso.

Alcanzar el éxito es hacer realidad un sueño. Pero, más que una meta final, ese éxito se convierte en otra arrancada hacia anhelos y logros más abarcadores. Un éxito ha de inspirar a otro superior, pero siempre han de ir uno detrás del otro, de manera ascendente.

Según el psicólogo y Premio Nobel israelí-estadounidense Daniel Kahneman, “no existe el concepto real de la multitarea…”. En su libro Pensando rápida y lentamente, este autor sugiere que “volvamos a la interesante práctica de hacer una cosa a la vez para ser más eficaces y eficientes… Es muy sencillo hacer una sola cosa y luego pasar a la siguiente”. Con permiso de Kahneman, me gustaría parafrasearlo: No existe el concepto de los multisueños… Asegura un éxito y disponte para el otro, nunca asumas dos anhelos a la vez.

No quiere decir esto que a la hora de luchar por un objetivo, muchas veces no tengamos que hacer decenas de cosas casi al mismo tiempo: revisar mensajes, atender a otras personas, responder llamadas telefónicas, darle calor a la familia, asistir a una junta de trabajo y resolver otros problemas cotidianos que nos impone la vida moderna… Pero todos han de estar enfilados hacia el cumplimiento de un objetivo esencial, un propósito básico.

Cuando pretendemos cumplir varios proyectos a la vez, perdemos la perspectiva, se enrarece la eficacia, como dice Kahneman. Todo se torna embarazoso, se enredan las cosas, irrumpe el estrés con sus dañinas consecuencias, lo esencial se disuelve entre lo secundario y la indecisión hace de las suyas. En resumen, el caos.

Querer abarcar mucho es síntoma de impaciencia u obsesión por alcanzar el éxito. Encaremos solo un anhelo por vez, vamos a “echarle ganas”, como dicen nuestros hermanos mexicanos, y les aseguro que el éxito no se escapa, se aferrará a nosotros y siempre lo tendremos bien apretado.

Foto por: Nostri Imago