Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Por qué que los seres humanos son como son? Y es que, en general, somos complicados, muy complicados. A veces imagino a Dios, con las manos en su rostro, cada vez que le pedimos algo. Y cuando nos lo da, entonces queremos otra cosa. Y cuando nos cambia de camino, entonces queremos estar donde estábamos… ¡En fin! ¡Nunca se nos queda bien!

«Administrarnos» no debe ser algo fácil y sencillo, sino profundamente complicado, pero el ser humano tiene un encanto único: las sonrisas y las complicidades, la amistad, el amor, los abrazos sinceros… Sin embargo, hay algo que olvidamos a menudo: agradecer. Por estar vivos, por lo bueno y lo no tan bueno, por las lecciones aprendidas, por la fe y la esperanza, por los sueños.

Noviembre es un buen mes para acordarnos de agradecer lo generosa que es la vida con todos, aunque no lo entendamos, aunque pensemos que Dios se olvidó de nosotros. El buen Dios nunca se va a olvidar de sus hijos, somos nosotros quienes nos olvidamos de Él.

Te invito a que este mes hagas una pequeña oración con tu familia, reúnete y da las gracias por estar juntos. Piénsalo, haz una lista y te vas a sorprender de la cantidad de cosas y situaciones por las que puedes agradecer.

El agradecimiento es mágico, nos ilumina la vida, nos llena de esperanza y luz. Hoy es un buen día para abrir los brazos y decirle a la vida: ¡Gracias! Porque estoy vivo, por mi misión en la tierra, por la comida en mi mesa, por las amistades verdaderas, por el amor infinito que recibo de todo lo que me rodea. Estoy segura de que, después de hacerlo, te sentirás mucho mejor. ¡Mucho polvo de estrellas!

* Cortesía de la Casa del Ángel, Costa Rica. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.