Hace ya un tiempo abandoné la práctica de plantearme resoluciones de fin de año. Lo único que conseguía era amargarme cuando pasaban los meses y no las cumplía. (¡Estoy convencida de que son un invento de las grandes cadenas de gimnasios y empresas que venden productos para adelgazar!)

Pienso en la imagen de la bisagra que permite que una puerta se abra y se cierre y así tomo el fin de año. Como una bisagra que permite un antes y un después.

El antes

En lugar de enfocarme en esas resoluciones que terminan en nada, me resulta mucho más útil reflexionar sobre los logros del año que termina. Así paso varios días recordando cada una de las alegrías y buenos momentos, las metas alcanzadas, las sorpresas, las nuevas personas que conocí, temores superados, lugares que visité… Al contabilizar cada pequeño acontecimiento positivo me siento agradecida por un año vivido a pleno.

Y también aprovecho la época para repasar aquellos aspectos en los que no tuve los resultado esperados. Exploro las razones, evalúo qué podría haber hecho diferente y de qué manera podría obtener mejores resultados el año entrante.

Evalúo y construyo sobre todo lo bueno que me ocurrió. Hago uso de esa sensación de bienestar que me produce recordar las cosas buenas que ocurren en mi vida para atraer nuevas y mejores situaciones. Y cierro capítulos negativos como si les diera un portazo. Es bueno usar esa imagen para dejar fuera de tu nuevo año relaciones tóxicas, hábitos negativos, expectativas frustradas, y todo lo que no resultó.

Claro, es importante aprender de aquello que no nos salió bien. Pero no hace falta prolongar sentimientos negativos contra uno mismo o contra terceros. Una vez que identificaste dónde cae la responsabilidad de lo que salió mal, puedes cerrar la puerta con tranquilidad.

El después

Mirar hacia delante es algo que puede entusiasmarte y darte energía y también te puede generar ansiedad. De ahí que el proceso de recordar todo lo que ya has logrado sea importante para que no sientas que empiezas de cero. Aún cuando decidas hacer un cambio radical (cambiar de carrera, por ejemplo) siempre partes de tu experiencia pasada, tus conocimientos, tu talento, etc. Puedes construir el “después” que quieras, descartando lo que no te sirve y apostando a lo que te da mayor felicidad.

Es verdad que en tiempo real, entre el 31 de diciembre y el 1 de enero hay una fracción de segundo, igual que entre otros dos días cualquiera. Pero psicológicamente esa transición tiene mayor peso y significancia. Existe un antes y un después de la medianoche.

¿Qué tal si aprovechemos esa transición al máximo para sacudirnos emociones negativas y entrar al nuevo año con el pie derecho? Abiertos a todo lo bueno que vamos a generar y a lo que la suerte pondrá en nuestro camino. Con toda la energía y predisposición necesarias para crear oportunidades que harán que este año sientas mayor satisfacción con tu vida que nunca antes.

GQI-MarielaDabbah

* Cortesía de Mariela Dabbah. La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.