La sriracha no sólo aporta sabor, le pondrá una pizca afrodisíaca a tus platos el mes más «hot» del año. Su tradición viene del sudeste de Asia, y de unos años para acá se ha hecho muy popular, gracias a una empresa que la comenzó a producir en California. Muchos le llaman «salsa de gallo», ya que sus botellas normalmente llevan la imagen de ese animal.

Tiene un peculiar aroma y sabor que describen como «exótico», pero en realidad es una mezcla de dulce y picante. La encuentras en recetas vietnamitas, y en Tailandia la utilizan para sazonar mariscos y vegetales. La puedes usar para intensificar el sabor de «dips», cócteles, salsas rojas, marinados, en hamburguesas y sándwiches. En restaurantes más casuales la verás en la mesas, junto al kétchup. Incluso hay quienes los mezclan. Entonces, ¿por qué no ponerle un toque «picante» a la pasta con salsa de tomate en una cena romántica?

Se hace con chiles maduros, generalmente cayena y jalapeño, extracto de anchoas, vinagre, ajo, azúcar y sal, entre otros ingredientes que se maceran para conseguir el sabor más puro del chile. Hay más de una docena de marcas y hasta la consigues orgánica.

Se ha hecho tan popular en California, que se celebran festivales donde puedes degustar miles de combinaciones de platos salpicados con el calor de esta salsa, durante todo un fin de semana. Para recetas y otros consejos, consigue mi libro online o visita www.LaCocinaNoMuerde.com.

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* Cortesía de Doreen Colondres La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.