En términos generales la medicina convencional siempre se ha ocupado de paliar los síntomas de las enfermedades y no demasiado de la causa que la provocó. Si bien, atenuar los síntomas conlleva un alivio, no será esta la vía real hacia la curación definitiva ya que la verdadera razón de la enfermedad no es física.

La enfermedad es un conflicto entre la personalidad (mente) y nuestra guía divina (Alma). Si la personalidad no se pone al servicio del Alma, las emociones se desarmonizan, el cuerpo sufre y muchas veces esto se traduce como una enfermedad física.

Por lo tanto ninguna medicina que se dirija solamente al cuerpo erradicará de raíz el problema, puesto que no hay enfermedades, sino enfermos. Aunque tuvieran el mismo diagnóstico, cada ser humano sufre su enfermedad de manera diferente y el trabajo de los terapeutas holísticos es interpretar ese sufrimiento, lograr la empatía suficiente con ese ser que sufre como para hacer un contacto de “Alma a Alma”, mostrándoles, como guías fieles, el camino hacia la curación.

En cada persona reside el poder creador de la Divinidad y por tanto, la capacidad innata de sanarse a sí mismo, tanto poder heredado de un generoso padre no puede ser desperdiciado, solo debemos escucharnos, estar atentos a nuestra voz interior. Ninguna importancia tiene la religión que profesemos, Dios (en cualquier forma o nombre que lo concibamos) nos muestra a través de señales, premoniciones, impulsos… el camino correcto.

Cuál es el camino correcto? Ese que nos genera alegría, el que nos demanda menor esfuerzo. Porque solo la Alegría y el hecho de que las cosas fluyan con facilidad puede mostrarnos que estamos en la senda que nuestra Alma quiere para nosotros.

Por eso, no debemos ver a la enfermedad como algo malo, en verdad, con ella se nos está mostrando un error, que nos brinda la capacidad de corregir algo de nuestra forma de ser o pensar que está equivocada. La enfermedad, vista de este modo, es beneficiosa, ya que nos muestra el camino para devolver la personalidad a la preciosa guía del Alma.

El Dr. Bach (creador del sistema floral “Flores de Bach”) decía: “tan sólo con que pudiéramos comprender por nosotros mismos los errores que cometemos y corregirlos por medios espirituales y mentales no habría ninguna necesidad de las severas lecciones del sufrimiento. El conocimiento del propósito del Alma y la aceptación de ese conocimiento significa el alivio del sufrimiento y la angustia terrenales, y nos deja libres para desarrollar nuestra evolución con alegría y felicidad”

Y es así, que cuando nos dejamos llevar por lo que sentimos, todo fluye naturalmente, las cosas salen bien y nos sentimos satisfechos, en este caso estamos dándole paso a nuestra intuición que no es más que la voz del Alma.

Sin embargo cuando escuchamos a nuestra mente con sus múltiples razones, nos confundimos, y generamos conflictos. No entendemos porque no estamos armónicos emocionalmente. Sucede que no respondimos al perfecto propósito que nuestra Alma tiene para nuestra personalidad.

Entonces, lo mejor es estar atentos, escuchar esa vocecita interior y hacerle caso, antes de que nuestros pensamientos nos invadan.

Alguien dijo una vez que para saber que tenemos que hacer solo tenemos que preguntarnos: ¿Qué haría yo si no tuviera miedo?

Y hacer caso a esa primera respuesta que aparece en micro segundos! Porque esa es la voz del Alma, ya que en ella no existe el miedo.

Las voces que vienen después provienen de nuestra agitada mente y no nos conviene oírlas!

¡A escuchar entonces nuestra Sabiduría interna!
GQI-VivianaBergman

* Cortesía de Viviana Bergmann, La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.