Todos tenemos objetivos. En la familia, el trabajo, en la vida en general. Pero también sucede que, como existen los objetivos, existen en forma inversa las frustraciones cuando no llegamos a lo que nos proponemos.

Un objetivo es una visión que atrae. Siempre debemos ponernos un objetivo y no dejarse distraer… Buscarlo… identificarlo… y hacer todo lo posible a nuestro alcance para conseguirlo.

La gente exitosa, esa que va por sus sueños y no claudica hasta conseguirlos, tiene en común que no improvisa a la hora de fijarlos. Por eso, a continuación te paso lo que creo pueda servirte a la hora de soñar, de ponernos metas y objetivos y no fallar en el intento.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de fijarnos objetivos?

  • Que sean adecuados:

Es decir, equivocar el objetivo es peor que no tenerlo, ya que esto no solo genera un impacto negativo al darnos cuenta que erramos al fijarlo, sino que también nos daremos cuenta que utilizamos una gran cantidad de recursos que nos pueden costar caro al momento de reponerlos.

  • Que sean accesibles:

Debemos ser realistas al momento de fijar los objetivos. Esto no significa que no debamos soñar y elevar la vara de exigencia, ya que debe exigirnos un esfuerzo mayor si queremos superarnos respecto a los anteriores objetivos. Pero es preferible que seamos un tanto cautos al principio.

  • Que sean medibles:

Esto significa que al momento de iniciar el camino se ponen en marcha automáticamente dos estadios con diferimiento temporal. El momento “cero”, que es cuando comenzamos, y el momento “uno”, que es cuando estimamos alcanzar esas metas. Más allá de lo que hagamos, siempre debemos saber cuánto avanzamos para llegar a los objetivos.

  • Que sean claros:

Siempre nuestras metas deben ser claras, ya que nos permiten ver con mayor exactitud cuánto acertamos o nos desviamos de las mismas con mayor precisión.

  • Que requieran un esfuerzo extra:

Muchas veces se habla del “área del confort” de las personas. Ese lugar donde nos sentimos protegidos. En este caso, cuando los objetivos superan a los anteriores que nos hayamos puesto, siempre implicará salir de esta área. Luego está en nosotros saber trabajar con esto, para que esta temporal incomodidad por salir de nuestro confort se transforme progresivamente en ello.

  • Ponerlos por escrito:

El poder de lo escrito es tremendo cuando de objetivos se trata. Siempre recomiendo que cualquier planificación, para llevarnos a determinado resultado, debe estar por escrito. Ponernos objetivos en cualquier actividad es muy importante. Ponerlos por escrito, además de no ser tan habitual, es de un poder enorme. El poder de lo escrito nos permite ver “en papel” y comparar. Y el comparar, que va de la mano de lo “mensurable”, nos permite ver cuán buenos somos al momento de ponernos objetivos. Cuando tomamos esta práctica en forma rutinaria y planificada, vamos a darnos cuenta que en la medida que va transcurriendo el tiempo, y vamos comparando etapa tras etapa de objetivos, vamos a ser cada vez más precisos, y de haber desvíos, serán más acotados.

  • Organizarnos en base a los objetivos:

Es una tarea bastante similar a cuando armamos un rompecabezas; lo primero que hacemos es ver la tapa. A partir de allí buscamos pieza por pieza para ir armando lo que vimos. Nuestra tapa sería esa visión de la que hablamos al principio, y luego, a partir de esta, buscar las piezas adecuadas para concretar la visión en realidad.

Como ya dijimos, los objetivos son inútiles si no son realistas, si son inconmensurables y si no son un reto. Las metas deben ser realistas pero a su vez mostrarnos un desafío.

Lo primero que debemos hacer, el primer gran paso para el logro de nuestros objetivos, es organizarnos. Y la mejor manera de empezar algo es dejar de hablar de ello y comenzar a hacerlo. El comienzo es la parte más importante del trabajo, decía Platón. ¡Comencemos a soñar!

*La opinión de los columnistas no coincide necesariamente con la de Ismael Cala.