En su libro El monje que vendió su Ferrari, el notable escritor y conferencista Robin S. Sharma hace una interesante reflexión sobre lo que él llama la técnica del pensamiento opuesto. Se aplica cuando un pensamiento negativo, no deseado, debe ser sustituido, de inmediato, por otro positivo y anhelado.

No voy a adentrarme en los pasos que, según Sharma, se requieren para aplicar ese método. Lo que me interesa resaltar es la importancia de pensar siempre de manera positiva, algo que también él subraya, y desechar todo aquello que envenena la mente porque de eso depende, por mucho, la salud de nuestro cuerpo y espíritu.

Pensar en positivo permite disfrutar a plenitud cada momento de la vida, hace posible que la vivamos y no que la suframos, como algunos. Tener la mente cargada de pensamientos validos y optimistas, eleva el autoestima, nos carga de confianza, aleja el síndrome depresivo que puede ocasionar cualquier frustración momentánea. ¡Pensar en positivo nos hace más felices!

Tengo un amigo que era adicto a comer mucho y, sobre todo, dulces. Un año atrás le detectaron diabetes. Me encontré con él hace pocos días y lo vi muy bien. Me dijo: “He bajado de peso, hago ejercicios, como menos, pero muchas veces al día”.

“Gracias a Dios, estás de maravilla, a pesar de tu enfermedad”, lo elogié con el ánimo de estimularlo. La diabetes es uno de esos males que te vira la vida al revés. “¿Cómo la tomas desde el punto de vista psicológico y espiritual?”. Su respuesta fue clara y original: “Chévere, la mantengo en el cuerpo, nunca ha invadido mi espíritu”. Muy sencillo, mi amigo nunca ha llegado a pensar cuánto le negaría la vida por causa de su enfermedad, sino cuánto puede disfrutarla mejor, a pesar de ella. ¡Eso es pensar en positivo! Los pensamientos optimistas pueden no evitar malos ratos, pero son imprescindibles para enfrentarlos.

Cuando por una razón u otra la vida nos cierra una puerta, siempre nos da la oportunidad de poder abrir otra con la certeza de que, como dijo el gran escritor indio Rabindranath Tagore, “algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que esté el presente”. ¡Así de hermosa es la vida!

No es querer vivir al margen de los problemas que golpean a la sociedad. No es esconder la cabeza, sino ver toda esa ensarta de dificultades, típica de los momentos que nos conciernen, como asuntos que podemos vencer. Nunca dejarnos aplastar por ellos, no hacerle el juego a aquellos que llamo “matadores de ilusiones”. Es impedir que nada ni nadie estropee nuestra existencia.

La vida es una —aunque respeto a quienes creen en la reencarnación—. Si la miramos con optimismo, es lo suficientemente larga para lograr lo que nos proponemos; si somos pesimistas, no nos alcanzara para nada, solo para lamentarnos.

Retomo El monje que vendió su Ferrari y me despido con una frase de Robin S. Sharma que considero cardinal: “La calidad de lo que piensas determina la calidad de tu vida”.

Foto:  Nikos Koutoulas