“Vivir para trabajar o trabajar para vivir” es un dilema, al parecer, de corte shakesperiano. Algo así como un “ser o no ser” del que casi nadie escapa en esta sociedad moderna, inquieta y tecnificada. Yo apuesto por la primera parte de la frase. Pienso que “vivimos para trabajar”, aunque muchos, desafortunadamente, trabajan para subsistir, que es muy diferente.

Venimos a este mundo con el objetivo de ser útiles y hacer algo siempre a favor de los demás y de nosotros mismos. Venimos a trabajar, porque es la única forma loable de lograr éxito y escalar a otro nivel en la vida.

Dice Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en la vida”. Se trata de una gran verdad, pero con doble filo. Cuando sucede así, muy a menudo la faena laboral nos cautiva demasiado, sobre todo si ostentamos un cargo de responsabilidad o aspiramos a un sueño, en medio de una realidad cambiante y competitiva. Nos podemos convertir en seres adictos al trabajo. Y, aunque esto arrastre consigo importantes dividendos profesionales, puede perjudicar nuestras relaciones familiares y sociales.

Hoy te propongo responder unas pocas preguntas, con el propósito de descubrir si somos propensos a la adicción al trabajo. Tomo como referencia un interesante test del doctor, psicólogo y comunicador español Ricardo Sotillo.

Respondamos:

-¿En el último mes hemos mantenido más conversaciones telefónicas de índole laboral que de interés familiar o social?

-¿Guardamos en el celular más números de colegas de trabajo que de amigos y familiares?

-¿Cumplimos un horario laboral, o para nosotros no existe?

-¿Nos llaman del trabajo en horas extralaborales? ¿Respondemos siempre?

-¿Creemos que somos imprescindibles en nuestro centro de trabajo?

-¿Hemos asistido en los últimos tiempos a más almuerzos de trabajo que a comidas en familia?

-Cuando compartimos con otros, ¿nuestra conversación versa la mayoría de las veces en torno al trabajo?

-¿Descuidamos la salud y el ejercicio físico por las obligaciones laborales?

No pretendo ofrecer una puntuación final, como hace de manera magistral el doctor Sotillo en su blog. Mi interés consiste en mover a la reflexión, recordando que el éxito en la vida no solo depende de los logros profesionales. La felicidad no es completa si no forman parte de ella la familia y los seres más allegados.