En una columna reciente enfatizo que “la pasión es un sentimiento intenso que, por sí sola, tiende a soslayar o a alterar los niveles psicológicos del ser humano”. ¿Por qué es así? Porque la pasión descontrolada puede trocarse en obsesión, y si en algún momento nuestra inteligencia se ensombrece, es cuando nos obsesionamos por algo o por alguien.

La obsesión alimenta una idea fija y acapara cada neurona. El dramaturgo español y Premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente, afirmaba que “una idea obsesiva siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo el cerebro”.

Cuando solo una idea domina el poder de la razón, es imposible enfrentar, de forma realista, todos los retos que nos impone la vida. Se coartan soluciones, los problemas se transforman en imposibles, los sueños se trastornan y el éxito se esfuma.

Una idea obsesiva es estática, no da margen al cambio, no admite equivocaciones y, por consiguiente, nos imposibilita extraer experiencias de los errores, por muy grandes que estos sean. ¡Cuando domina la obsesión, no se admiten los fracasos!

Aunque la pasión y la obsesión afectan a todas las esferas de la vida, la mayoría de las personas las relacionan, esencialmente, con el amor. Por eso considero factible apelar a dicho sentimiento para ejemplificar lo que digo, sin pretender convertirme en consejero amoroso, ni mucho menos.

Cuando amamos a otra persona con pasión, y se nos va, tenemos suficiente capacidad de razonamiento para dejarla ir, a pesar del dolor. Cuando esa persona nos obsesiona —puede, incluso, no existir tanto amor—, hacemos todo lo contrario. No se nos mete en la cabeza que ella ya no quiere estar a nuestro lado y pretendemos retenerla a toda costa.

Ocurre igual en todos los terrenos de la vida. Cuando la idea del éxito nos obsesiona, más que soñarla, no aceptamos un descalabro por muy pasajero que sea. Nuestro cerebro se aferra a una imagen obsesiva y dominante y solo pretende seguir haciendo lo mismo por lo mismo.

También dije en mi columna que “la pasión y la razón son dos frutos del mismo árbol, pero han de crecer y madurar juntos”. Si no sucede así, la pasión descontrolada, repito, nos arrastra a la obsesión, y la obsesión al consultorio de un psiquiatra.

Para que la vida nos premie con éxito debemos luchar con el poder de la razón y tener suficiente voluntad para enfrentar cualquier idea propensa a la obsesión. Podemos lograrlo, por algo somos seres inteligentes, con posibilidades infinitas para razonar.

¡Voluntad contra obsesión! ¡Vivamos convencidos de que siempre hay nuevos caminos y nuevos amores! La vida hay que enfrentarla así, hay que vivirla así. El éxito, entonces, estará garantizado.